Tuesday, July 8, 2014

El Chevrolet de Alfredo Di Stéfano

Me molesta cuando la gente se tiene que morir para que te enteres de un cuento. No hablo de la existencia de una familia paralela, ahí sí es mejor que el condenado o la condenada estén seis metros bajo tierra. Me refiero a los cuentos cómicos de familia que surgen de la nada, como un comentario casual, cuando siempre han debido ser parte del repertorio familiar para ser utilizado luego en la conversación que comienza con: “bueno tú sabes que yo tengo un cuento sobre….”

Esta semana falleció Alfredo Di Stéfano, considerado uno de los cuatro mejores jugadores de fútbol de la historia, luego de pasar tres días en un hospital como consecuencia de un paro respiratorio al salir de un restaurante. Tenía 88 años.

Una leyenda del Real Madrid, su nombre en Venezuela está ligado con el famoso secuestro en 1963 que lo llevó a pasar 72 horas en cautiverio cuando fue plagiado por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional al salir del Hotel Potomac en la urbanización San Bernardino. Sin embargo, su fama en nuestro país data diez años antes cuando, la “Saeta Rubia” llegó a Venezuela a disputar la Pequeña Copa del Mundo de Clubes junto a la plantilla del Millonarios de Bogotá.

Organizada por un grupo de empresarios venezolanos, la Pequeña Copa del Mundo de Clubes, fue uno de los más importantes torneos de fútbol de los años cincuenta. Con seis ediciones consecutivas (1952-1957) y una en 1963, para acá vinieron los mejores clubes de fútbol de Sudamérica y Europa, entre ellos, el Real Madrid, el F.C. Barcelona, River Plate, Rapid de Viena, Millonarios de Bogotá, el Corinthians, y el Sao Paulo.

En 1953, Alfredo Di Stéfano, envuelto en plena disputa por su fichaje, juega en Caracas con el Millonarios de Bogotá por última vez y gana la Pequeña Copa del Mundo. Y aquí entra, inexplicablemente, mi abuelo Branger en la esta historia. Tras ganar la Copa en una final entre Millonarios y Rapid Viena que quedó 4-0 con un gol de Di Stéfano en el minuto 6 y otro en el ‘35, la fiesta de celebración fue en el bar de casa de mi abuelo, el mismo que hoy en día he heredado (porque mi familia está clara que real no hay, pero bar sí).

“Eso casi le cuesta el divorcio con tu abuela”, me comenta una tía. Al inquirir el porqué, mi tía continúa: “Verás, entre las 1087 razones que tu abuela encontró en vida para divorciarse de tu abuelo Branger, una de ellas fue esa noche de farra con Di Stéfano. Desaforado por el triunfo del Millonarios y por tener al máximo goleador de la Copa en casa, a tu abuelo no se le ocurrió mejor cosa que regalarle un Chevrolet… ¡el de tu abuela!”

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