Tuesday, July 22, 2014

Solo Vine a Hacer una Preguntica

 
Para ser una sociedad impaciente me impresiona la resignación con la cual los venezolanos nos hemos adaptado a hacer una cola. Sea en una farmacia o en un automercado, ya es habitual empujar nuestro carrito hacia el fondo del establecimiento y ponernos de último a esperar a que nos toque para pagar. Los que están delante y detrás de nosotros pasan a ser nuestros aliados para los menesteres del small talk. Una especie de Correo del Pueblo en 3D donde pasamos revista a todo lo que nos parece que está mal y cómo haríamos para mejorarlo.

Una de las cosas que no tiene solución es cuando de verdad tú vas a comprar un artículo y todos los demás tienen un carro lleno de artículos. Lo lógico sería que hubiera una fila para diez artículos o menos. A la Ley del Trabajo no le importa si tú te compraste un destapador de poceta o te llevas la vaca completa de la carnicería. A todos nos toca hacer la cola por igual.

Fui a comprar una bolsa de hielo al supermercado el otro día. Todo el mundo me vio con cara de “Ah sí, ya vas a poner cara del gato de Shrek para que te dejemos pasar. Pues no. Porque tú vas  a hacer una fiesta en tu casa y yo me voy a ir con esta compra a cuidar a cinco niñitos y a un marido inconforme”. Me fui al final de la fila y esperé. Cuando llegué a la caja registradora el hielo estaba más derretido que Olaf el muñeco de nieve en Frozen. No importa, yo entiendo que en socialismo no estamos para cortesías cuando todos intentamos sobrevivir.

Eso no debería suceder en sitios donde tienes que agarrar un número para que te atiendan. Léase bancos, agencias y un psiquiatra con una maquinita de esas que la puso solo por joder. Aquí aplica siempre la persona que dice “disculpen, solo vine a hacer una preguntica”. Solo que el “disculpen” es acto del pasado. Ahora vienen como si hubiera un ticket VIP y ellas fueran Veruca Salt, la niña malcriada de Willy Wonka.

Hoy voy a Santa Bárbara Airlines porque necesito preguntar si el e-ticket que imprimí de Despegar.com funciona para hacer los trámites de CADIVI. Al llegar, tomo mi ticket y miro hacia el marcador  el cual indica que hay siete personas delante de mí. Como tengo correos que contestar en el celular me siento en mi silla a esperar. Junto a mí está una señorita en lo mismo que yo. Los demás no sé en que andan porque yo no veo tan lejos.

Unos diez minutos después la señorita levanta la mirada y se molesta.

-Oye, vale -me dice-, ¿entonces para qué sirve esto de los tickets? Aquí hay un poco de gente que llegó después de usted y andan en el mostrador.

-Sí tienes razón -le contesto.

La señorita alza la voz: “Señores, por favor, vamos a ser ordenados. Hay un ticket ahí que deben agarrar. Yo entiendo que todos vinieron a hacer una pregunta pero ya han pasado seis y nosotros los que tenemos ticket  y que también vinimos a hacer una pregunta seguimos aquí”.

La agente de Santa Bárbara se percata del descontento y les pide a todos en el mostrdor que agarren un ticket. Todos lo hacen, excepto una señora quien solamente puede ser descrita físicamente como Desirée Santos Amaral (o Brujilda, lo cual es lo mismo).

La señorita junto a mí se molesta y al ver que el marcador ha cambiado para su número de  turno, se levanta y se pone junto a la señora Brujilda.

-Señora, por favor es mi turno. Yo también vine a hacer una pregunta e hice mi cola como todos los demás -le dice a la mujer coleada.

Mejor que no.

Brujilda agarra una calentera como si le hubieran dicho… bueno como si le hubieran dicho Brujilda.

-Mire, muchacha insolente –le replica en tono altanera-, ¿qué te has creído tú chica para hablarme así a mí de esa manera? Si yo lo que vine fue a hacer una preguntica.

La señorita (de la razón) le contesta: “Pues, yo también vine a hacer una pregunta, y el señor también y el otro también y aquí todos esperamos pacientemente”.

-Ah, ¿entonces yo soy la bruja?

-Obviamente -pensé yo.

… No, no pero es que esto es insólito –continúa Brujilda-. Venirme a decir a mí ¿qué? Cuando yo lo que vengo es a hacer una piche pregunta. No chica, ¡tú lo que eres es una abusadora! ¡ABUSADORA!

Yo soy un defensor de las causas perdidas y me molesta cuando la gente pisotea a los que tiene la razón. También soy un hombre que necesita urgentemente que le sellen un pasaje para poder decirle a un banco que le diga al Gobierno que me dé unos piches dólares que en teoría son míos.

-No lo digas, Toto, no lo digas, quédate quieto, quédate quieto –me dice mi Pepito Grillo en la cabeza. Pero al ver a Brujilda refunfuñar desde su asiento con su ticket recién tomado ya arrugado de la rabia, decido mandar al Pepito al carrizo y le digo en tono pausado desde mi silla: 

-Disculpe, señora, con todo respeto, pero yo creo que la abusadora es usted.

(Bueeeeeno…)

-Ah, y aquí salió el otro –grita Brujilda-. Ahora se pusieron de moda los metiches, pues.

-Si fuera metiche me hubiera coleado, señora. Lo que soy es justo. Aquí todos venimos a hacer una pregunta igual que usted.

-¡Pregunta mi culo! Tú lo que eres es un intrépido que te metes en las cosas que no te incumben. ¡Intrépido! ¡Intrépido!

Me río y bajo la mirada a mi celular. Como intrépído es alguien que no le teme al peligro, pues ahí no hay más nada que hacer. Pero no es hasta que me lanza esta perla cuando pierdo la paciencia:

-Es que míralo a él…  ahora se creen todos los machos… -continúa Brujilda hablando con un señor sentado junto a ella que no le presta mucha atención-. ¿Quién sabe qué será él? Seguro es un nuevo rico que vive una vida cochina y se va con sus reales sucios a un viaje cochino… Cochino.

Mi Pepito Grillo me dice: “No, no, no lo hagas Toto… Necesitas que te sellen el pasaje… No vayas a decir…”. Lo mando a callar y le respondo a la señora de manera calmada:

-Tan cochino es mi viaje señora que yo me estoy yendo a operar a mi mamá de cáncer.

Mi Pepito Grillo se pegó un tiro en el acto. Mi mamá no tiene cáncer y esto es una insolencia con todas las madres del mundo que desafortunadamente sí padecen de esa enfermedad.

-No me interesa tu viaje cochino, ni tu familia cochina, nuevo rico –me responde Brujilda.

En la sala se puede oír hasta el repaso del resaltador de la agente de Santa Bárbara. Nadie se mueve.

-Les voy a pedir el favor a los dos que se retiren si siguen con esto –advierte la agente para calmar los ánimos. Comienza a hacer pasar los números con la “suerte” que el número que me toca es el mío.

Me levanto al mostrador y hago mi pregunta: “Buenas, sí mire yo tengo que hacer CADIVI y aquí no sale la fecha de emisión de mi boleto. ¿Esto lo puedo hacer aquí?

La agente me explica de la manera más amable que debo ir a Despegar.com a que me emitan mi boleto allá y después volver a Santa Bárbara para que ellos me lo sellen.

Me despido y salgo. Nadie habla. Y ahí es cuando me doy cuenta de tres cosas: 1) en verdad mi problema era con Santa Bárbara. Que yo tenga que ir a otra oficina a que me impriman un boleto que en teoría me enviaron por correo para volar con la aerolínea en cuya oficina estoy es el colmo. 2) Todo eso no me importa. Mi real preocupación es: ¿por qué me metí yo en un problema que no era mío cuando todos los demás se quedaron callados esperando a que les tocara su turno sin importar que gente como Brujilda se les coleara? 3) ¿Para qué mentir si yo tengo la razón?

Concluyo que en verdad es mi problema. Si yo no hubiera ayudado a la señorita que había esperado su turno, Brujilda hubiera ganado. Pero ¿por qué mentir? Porque quería hacerla sentir mal. No me funcionó porque maté a mi mamá en una sola oración y tampoco la ayudó a ella a comprender que estaba errada. En conclusión perdimos todos.

Pero, ¿por qué hay que quedarse callado ante la injusticia? ¿Por un piche sello para CADIVI? ¿Un miserable kilo de azúcar? ¿Un pasaporte? Yo entiendo a Brujilda. Tomar un ticket en este país es de pendejos porque nos pasamos 24 horas agarrando tickets y haciendo colas solo para que nos devuelvan por un tema de burocracia. Pero asumir que quien levanta la voz para protestar por un acto injusto es un nuevo rico cochino es caer en esa misma corrupción. Solo que esto es una corrupción de valores que es peor.

Quedan personas decentes en Venezuela y me gusta pensar que yo soy una de ellas. Mentiroso pero decente. Me molesta la injusticia pero más me enerva que las Brujildas se salgan con la suya solo porque vinieron a hacer una preguntica sin tener la decencia de admitir que con tan solo tomar un ticket subsanaban su error. Yo hoy comprobé lo necesario que es levantar nuestra voz siempre. Solo que hoy aprendí que no es necesario decir una mentira cuando solo con la verdad es suficiente.-

Actualizado: Mi mamá lee el blog y me escribe por WhatsApp en el acto: “Toto, qué mal lo que te pasó, pero yo solo tengo una pregunta. ¿Por qué me mataste a mí y no a tu papá?”

6 comments:

Ursulaconbypass said...

Ay Toto que mal rato el que compartes con nosotros tus lectores. Lamentablemente no es sólo narrativa creativa es el día a día. Es un acto aislado de los muchos que ocurren a diario y que es consecuencia de la descomposición social.

Anonymous said...

Yo estoy de acuerdo en que le respondieras a la brujilda,siempre hay gente que se la de mas vivo que el resto y eso me molesta...pero también pasa que el país se ha llenado de impaciencia, si bien yo ya no lo vivo porque estoy fuera de Venezuela hace 3 años, me sorprendo todos los días con las noticias de mi país....no puedo creer que en este tiempo las cosas hallan cambiado tanto, hacen colas para todo, y cuando tienes que comprar solo compras lo que hay!...porque el país ha tenido que llegar a esto?porque razón?

Carlota Bellés said...

Te apoyo Toto¡ lo justo es lo justo a mi me pasan cosas parecidas...
http://carlotabelles.wordpress.com/2013/11/16/el-extranjero-la-pastorena-descremada-llego-al-supermercado/

Anonymous said...

Lo lei y me sentí presente en el momento y acto, tanto asi que termine molesto pensando en la sra mal educada, eso es lo que sobra en estos días, y es verdad uno no debe callar debe hacerse respetar sin caer en los términos y juegos de la persona sin educación, pero se que es difícil controlarse.

Sarah Gomes said...

Hola Toto! una vez más muy admirada por tus actos y buena escritura. Es así! es un país de injusticias y hay dos opciones, o acostumbrarse y unirse a ellas o levantar la voz. Yo, muy temeraria como suelo ser, lo hago siempre y no falta alguno que me de diga que lo que estoy buscando es que un día me golpeen o algo peor y siempre contesto que es lo que prefiero antes que callarme y ser parte del circo. ¿Qué se le va a hacer?. Un abrazote para ti.
PD: leyendo tu ultimo libro, muy muy bueno, te felicito. Cuéntame como una nueva fan enamorada =D

Anonymous said...

www.viajebien.com

es de los cisneros, te envían tu pasaje sellado con mensajeros y son mucho más baratos que despegar.

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