Tuesday, September 2, 2014

El Placer de Volar con Aerolíneas Demoradas de Venezuela

 
El Boeing 727 que aterriza sobre la pista de Maiquetía es tan arcaico que sus asientos no cuentan con la tela higiénica blanca en el respaldo para la cabeza. Algo que nadie echa de menos excepto cuando el avión no la tiene. Los televisores que cuelgan sobre el techo parecerían ignorar que hay dos generaciones completas que no saben lo que es un VHS. De haber audífonos a bordo, seguramente serían en forma de estetoscopio como los que solía repartir la extinta Pan-Am. “Tipo vintage demodé” describiría posiblemente Titina Penzini el avión, en un rotundo esfuerzo por ser positiva.

Esto es lo que llega a Venezuela en 2014. Abrochados en la prehistoria, los pasajeros del vuelo S3 1341 de Santa Bárbara Airlines procedente de la ciudad de Panamá, tocamos tierra criolla y nos santiguamos como si la mártir que le dio el nombre a la aerolínea le hubiera echado una mano al piloto. Cuando un vuelo que normalmente aterriza en Maiquetía a las 5:30 de la tarde del día anterior, es trasladado sin explicación alguna para que aterrice a las 2:00 de la madrugada pero termina entrando a Venezuela a las 4:30 de la mañana, hasta Cheverito saca su estampita. ¡Gracias Santa Bárbara Palacios Teyde que llegamos!

Cualquier vuelo internacional hacia Venezuela ha dejado de ser un viaje. Es ahora una cruzada la cual implica humillarse a ser revisado en aduana como un terrorista, viajar en algo menos seguro que un albatros y recoger una maleta llenada con lo que apenas se pudo escarbar con CADIVI. Lo peor, sin embargo, es la sumisión del venezolano a la interminable espera que en circunstancias normales sería de dos horas y que ahora es de once. Con las nuevas demoras, Venezuela está más lejos de Panamá que Alemania.

El socialismo prometido en Venezuela nos tiene como el lema de la salsa de tomate Heinz: “Lo bueno se hace esperar”. Pero el que tiene ojos sabe desde que comienza a subir por la autopista Caracas-La Guaira, muerto de miedo por la hora de llegada de su vuelo, es que el Gobierno Nacional invirtió más en vallas de Nicolás Maduro que en alumbrado, asfalto y seguridad. El periódico recién salido de la mañana constata que la espera por un avión es solo problema del 1% de la población. En portada la gente hace cola por medicinas, toallas sanitarias, harina y futuro. Hasta en las altas esferas la espera parece ser la norma. En junio el Presidente de la República anunció un sacudón económico. Es hoy, tres meses después, cuando el periódico asoma que por fin el mandatario prenderá el ventilador.

Llegar a Venezuela después de un viaje es darse cuenta de que el país está como ese avión de Santa Bárbara, un mamotreto que requiere urgentemente de barniz, modernidad y progreso. No basta rezar un “Chávez Nuestro”, hacer como Cheverito e irse por carretera (quien por lo visto tampoco sabe lo que es salir de Venezuela por Cúcuta) o insistir que la estampida de las líneas aéreas del país fue por culpa del Mundial de Fútbol. Venezuela requiere con urgencia de una nueva flota comandada por una tripulación que no busque excusas baratas y deje a sus pasajeros varados y en espera. Hay una razón por la cual no existe una flota llamada Aerolíneas Demoradas de Venezuela aunque aparentemente, esa parece ser la que más clientes tiene.-

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