Monday, September 15, 2014

Lo Verdaderamente Útil No Está en la Lista de Útiles Escolares

 
 
Creo que por más adulto que sea, todavía no he logrado superar esa extraña sensación de que mañana hay colegio. En verdad no hay peor crisis infantil que darse cuenta la noche antes de que mañana comienzan las clases. De repente es el tamaño del bulto, lo mal que te queda el uniforme o que no sabes si vas a seguir siendo el gallo del salón, pero ahí está. Todas las inseguridades de una persona comienzan en esa noche de insomnio antes de que un adulto/representante te prenda la luz y te diga: “Levántate que vas a llegar tarde al colegio”.

Ahora que soy grande también me doy cuenta del tras bambalinas de mis idas al colegio. Las mías y las de mi hermana, pues. Porque fueron dos historias distintas.

Yo estudié en un colegio gringo durante toda la primaria. Cada mañana me montaban en el autobús número 7 que me llevaba a la Calle La Cinta de Las Mercedes. Mi uniforme se compraba en el colegio y tenía un sello con una palmera, la cual me hacía pensar que yo estudiaba más en Tropi Burguer que en una academia. Mi lonchera era de Snoopy porque eso era lo que a mí me daba nota. Adentro había un jugo Yukery y un sándwich de mermelada con queso Kraft Facilistas. Yo no comí durante siete años.

Mi hermana mayor no corrió con ese estilo de vida. Desde muy chiquita a ella le tocó una moda impuesta por las madres en lo que presumo es una carrera armamentista por ser la mejor mamá: las niñas no se iban en transporte, hacían pool. La falda plisada se planchaba, los zapatos tenían un centavo americano metido adentro y sin lazo blanco no se salía de la casa. La lonchera era marca Igloo para que la sopa, el arroz y las tajadas permanecieran calientes porque aparentemente las niñas comen sopa y seco pero los varones teníamos que comernos un sándwich de mermelada con queso Kraft Facilistas.

Por esta distinción entre colegios jamás me preocupé. Solo sé que mi mamá tenía pool con mi hermana los martes porque el miércoles era su Día de Parada y así descansaba de ir a buscar a siete enanas sudadas con loncheras. El único motivo por el cual yo sabía de la existencia de estas niñas era porque en la guantera del carro había un cartelón que decían sus nombres. Luego aprendí que había una maestra cuyo único rol en la vida era decir estos nombres por micrófono, como si fuera un chambelán anunciando a las invitadas en el baile del Príncipe de la Cenicienta, para que salieran a montarse en el carro.

Con el tiempo también aprendí que hay mamás que se quedan dormidas y nadie va para el colegio. Otras que no entienden que a veces NO HAY colegio. Eugenia mi amiga me cuenta que un día bajó como todas las mañanas de su apartamento a sentarse en el murito a esperar por el autobús (su mamá no te hacía pool). Esperó y esperó y esperó hasta que el vigilante le dijo que subiera porque había Golpe de Estado. Tocó el intercomunicador:

-Mamá, ábreme que no hay colegio. Aquí Xavier me anda diciendo que y que hay golpe de Estado.

-Ay Eugenia, ¡no seas exagerada! –le contestó su mamá por el intercomunicador-. Segurito tienes examen. Quédate quieta que ya te va a venir a buscar el autobús.

-Pero Ma…

-¡Qué te quedes ahí te dije!

Eugenia contó tres minutos en su Pop Swatch hasta que oyó la voz en el intercomunicador.

-Euge mi amor ¿estás ahí?

-Dime Ma…

-Sube ya mi vida…

Esa distinción entre colegios no es porque mi mamá se ocupaba más de mi hermana que de mí. Creo que los tres podemos decir con toda sinceridad que mi mamá y mi hermana no se hablaron durante catorce años por diferencia de criterios sobre cómo ponerse un lazo. Y la verdad es que mi mamá fue una tremenda ayuda en mi colegio porque siempre que había fiestas ella traía tortas. O de repente es que yo tenía mentalidad de gordito y eso es lo que recuerdo.

La diferencia la aprendí cuando me cambiaron de colegio a uno similar al de mi hermana. No de niñas pues, pero sí con toda la parafernalia del pool, del uniforme comprado fuera del colegio y de algo llamado la lista de útiles escolares.

Eso nunca lo había experimentado. En mi colegio de primaria te daban todo el primer día de clases: el libro que ibas a usar en cada asignatura, el cuaderno Caribe (con la tabla de multiplicar, sumar, restar y dividir en la parte de atrás) y lápices Mongol para todo el año. La Trapper Keeper sí la comprabas tú.

Cuando llegué a mi otro colegio en bachillerato me di cuenta de que eso no era así. Aquí me pedían todos los cuadernos, papel lustrillo (que jamás usé en los cinco años de bachillerato), una bata de laboratorio, una calculadora científica, reglas, regletas, un compás y un mercado completo de cosas que se podrían en un locker cuando ya el año escolar llegaba a mayo. Yo todavía tengo guardado un escalimetro intacto que habré usado tres veces.

Eso me pone a pensar, ¿por qué la educación es tan enrollada con todo lo que no necesitamos? ¿por qué hacer pasar a los padres por ese vía crucis de conseguir cosas que no vamos a usar? Nadie necesita un uniforme con un penique en el zapato, ni una lonchera atómica como tampoco necesita una bata de laboratorio. ¿Alguien manchó alguna vez la bata de laboratorio en Química? 

Lo único que necesitamos es APRENDER. Y esto es a lo que quiero llegar. Mi problema con la lista de útiles escolares es que en ninguna parte le piden al estudiante que venga a maravillarse con lo que va a aprender. Ninguna lista escolar pone en su número 1 de solicitudes: 1) QUEREMOS QUE EL CEREBRO DE SU HIJO SEA ÚTIL.

Yo raspé todos los exámenes del primer lapso en mi nuevo colegio porque no entendía que si te caletreabas todo, pasabas. A mí jamás me enseñaron eso en primaria. Más bien me enseñaron que si oías, aprendías. Si te hacían una materia DIVERTIDA, amarías la lección para siempre.

Yo vi Egipto dos veces. En primaria mi maestra nos enseñó todo sobre pasaportes porque nos inventó que nos ibamos de viaje a El Cairo (yo hice maletas y todo). En clases, nos hizo tomar una foto, revelarla, pegarla sobre un pasaporte de papiro cosido a mano por nosotros (medio fábrica en Indonesia esta parte) y creamos unos sellos egipcios para decir que habíamos llegado a Egipto.

Mi clase estaba decorada con pirámides por todas partes, aprendimos a hacer una momia, y todavía me sé de memoria la técnica de embalsamar un cuerpo a la manera egipcia. Me enamoré de las aventuras de Howard Carter y si pudiera ser él, habría vuelto a 1922 para descubrir la tumba de Tutankamón. Luego descubrí  que todo el mundo en esa expedición se murió en circunstancias extrañas así que decidí ser él con un pote de Off porque hay que ser precavidos.

En bachillerato volví a ver Egipto en mi otro colegio. Es una gran decepeción saber todo lo que se puede saber sobre la Piedra de Rosetta y verla simplemente mencionada en el libro amarillo de Historia Universal de octavo grado de esta manera: “(…) con la Piedra de Rosetta se inició Champollion, quien amplió su obra al visitar luego el antiguo Egipto”. Busqué esa oración en el libro y así sale de veras. Eso es todo lo que vieron mis amigos de bachillerato sobre la piedra más famosa del mundo. Hoy en día, y no los culpo, creen que la Piedra de Rosetta es un servicio para aprender idiomas.

Yo no digo que fui más inteligente que ellos, porque no lo fui. Salvo en inglés, jamás estuve en el cuadro de honor de mi clase. Pero yo hubiera dado todo porque mi educación no se concentrase en si tenía el pantalón azul de Banana Republic al comienzo de clases, si todos mis útiles de la fulana lista esa cabían en mi bulto verde Jansport y si tenía el Tag, y los Bass y el cuaderno forrado con fotos de Cindy Crawford. Yo hubiera dado todo porque mi tesis de grado (algo con unas caraotas y el PH) me importase en su momento…

Ojo, el Jansport y el Tag me importaron porque vamos, en la adolescencia, esas ridiculeces importan. Pero ¿cuál es la jónica y cuál es la dórica? ¿Cuál es el cúmulo y cuál es la otra nube? ¿Y por qué no es válido preguntar si en alguno de esos dos trenes que van en dirección contraria va una bomba para avisarle al otro que frene antes?

No todo fue malo, yo me las ingenié. Con dos amigos logré filmar la escena de espadas completa entre Tybalt y Mercutio con una Handy Cam para presentarla en una exposición. También tuve la mejor profesora de Hamlet del mundo. Pero no todos fueron educadores sensacionales. Más que un “Aguerrevere, si no tienes la bata de laboratorio no puedes entrar”, me hubiera gustado “ven y mánchate de pies a cabeza y explota el nitrato a ver qué pasa…” Si todo fue un regaño por un peo líquido ¿por qué no nos quitaron la rebeldía explicándonos los efectos químicos de un peo?

Más que útiles escolares, hubiera sido mejor tener profesores creativos con sus enseñanzas extraordinarias. No fueron malos, pero yo sabía de la ONU en sexto grado. A mí no me volvieron a mencionar la ONU hasta que llegué a la universidad. Y eso creo que es lo que pasa con la educación. Las mamás se fajan con la forrada de cuadernos y que el niño esté en kárate, fútbol, y cursos de microfinanzas y si el pool lo haces tú hoy y yo mañana cuando en verdad nada de eso importa. Si tu chamo está en segundo año y su profesora de Historia Universal no le habla esta semana sobre la situación con Isis, o el referéndum escoses o el conflicto ruso-ucraniano, perdiste los reales en ese colegio.

Digo todo esto porque me he dado cuenta de lo bruto que yo me he vuelto con la vida. De lo poco que sé sobre nada, de todo lo que se me olvidó y eso me frustra. Lo último que busqué en Google fue “letra de Anaconda de Nicky Minaj” y ahí me di cuenta de que esto de la educación es para toda la vida. Si no, te embruteces.

Por eso, más que un transporte o un cuaderno forrado, hay que lograr que la familia y la profesora inspiren a esos chamos a maravillarse. A buscar más libros, más información de la que se da en los textos. Si es Egypt Week en el colegio, hay que vestirse de Ramsés y Cleoptatra en casa. Hay que hacer pirámides en el jardín y coño, así tenga que ir yo, ¡hay que hablar de la Piedra de Rosetta! Porque no es cuestión de conseguir los útiles, es más un tema de buscar los buenos libros. Porque ningún niño puede pasar por Egipto sin oír el cuento del incendio de la Biblioteca de Alejandría. Y eso sí que es útil.
 
Todo lo demás es material POP.-

9 comments:

Captain Arepa said...

¡Yo si manché la bata...! En el laboratorio de Biología, moliendo un hígado con arena de La Orchila, que todo mi salón creyó era ántrax y yo un talibán (casualmente fue en el 2001 xD).

Slappy's Journey said...

Grande Toto!!!! Excelente lo que dices, Madre de un par de niños (3 y 1) y el regaño me sirve, justo ahora que comienzan las clases... GRACIAS!

Anonymous said...

Como maestra aplaudo este blog!!! No puedo estar mas de acuerdo contigo

Anonymous said...

Excelente!!! Mejor y mas claro no puede ser. Yo estudie primaria en una academia como describes y todos los dias era una aventura de aprendizajes entretenidos. Lo maximo

Anonymous said...

EXCELENTE! ojalá muchos pensaran igual

Michelle Lorena Hardy said...

Muy bueno tu post... : )

Sarah Gomes said...

Hola!

Coye, de todo lo que he leído de ti (2 libros y varios artículos de tu blog), esto es sin duda lo que más me ha gustado. Porque luego de varios años de salir de Bachillerato encontré muchas cosas interesantes en mis libros que jamas se tomaron la molestia de explicarme o enseñarme y me quedo exactamente la misma sensación de años valiosos perdidos. De verdad que es muy fácil que los años de escuela se te pasen como si nada y te toque buscar por ti mismo ese conocimiento cultural global (llámese cultura general) que tanta falta nos hace o... quedarte brutico, repitiendo las pajuatadas de los demás.

Excelente llamado a refeccionar. Lo imprimiré y lo colocare por allí para recordarlo cuando me toque, algún día, con mis hijos(espero).

Un abrazo.

Andrea Palacios said...

Yo lo llamo el inception en Wikipedia... Tu artículo me llevó a las columnas jónicas, pasando por la diferencia de una catedral gótica y una románica hasta la piedra rosetta. ¡Gracias!

Anonymous said...

Absolutamente de acuerdo. La escuela es el punto de partida de una carrera loca y desvocada por obtener un titulo no por hacerse del conocimiento. Por ende, aprobar las asignaturas es un requisito formal. El sistema educativo y mas aun los profesores no se han planteado la enseñanza del pensamiento crítico y la busqueda activa del conocimiento dandole espacio al alumno para elegir...todo esta tabulado. Y año tras año el contenido de las sesiones ez reciclado sin admision de preguntas y cuestionamientos que den origen al debate.

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