Thursday, May 29, 2014

¡La Hora Loca se va este Sábado 31 a Barquisimeto!

A todos mis "Yo Te Leo" en BARQUISIMETO:

Este SÁBADO 31 DE MAYO a las 5:00 pm estaré por esos lares para celebrar el 40° Aniversario de la Librería EL CLIP. Allí espero sacar las maracas, el cotillón y el sombrerito de goma espuma para presentar mi libro "La Hora Loca". Espero que sea una tarde divertidísima donde voy a leer algunos de mis cuentos, firmar libros y en general oír de su boca todo esos cuentos locos que tanta risa me dan a mí.

Estoy muy emocionado con esta invitación y espero gozar un mundo por allá. ¡Nos vemos este sábado! 

Coordenadas:  Librería El Clip. Av. Los Leones, Centro Comercial Los Leones. Local N°10. (0251) 2541669. Entrada Libre (¡traíganse a la abuela pachanguera)

Wednesday, May 28, 2014

Un Traductor de Personajes Llamado Edgar Ramírez

 
Es posible que muchos de ustedes hayan visto vallas por toda la ciudad donde salen Dayana Mendoza, Greivis Vásquez y Edgar Ramírez con una palabra que los identifica. En el caso de la Miss Universo 2008, la palabra es “desconocida”, la del basquetbolista de los Toronto Raptors de la NBA es “novato” y la del actor, “traductor”.

Es factible admitir que ninguna de estas palabras identifican a estos tres. Nadie más conocida que la Mendoza, nadie más profesional que Vásquez y de Ramírez, sabemos que habla inglés, francés y alemán en su película Carlos, pero jamás diríamos que su profesión es ser intérprete público.

La cuestión es que algún día lo fueron. Hace tiempo Dayana Mendoza no sabía cómo caminar en tacones, Greivis Vásquez lanzaba pelotas como cualquier adolescente con un sueño y Edgar recurría a la traducción para ganarse la vida y perseguir su sueño de convertirse en  actor.

Son ellos embajadores de la campaña “Desde el Futuro” de Johnnie Walker. Ellos mismos nos cuentan que alguna vez fueron esa palabra que los identifica en las vallas. Ellos son tú en este momento. Están ahí para decirte que no importa cuántas tazas de café andes sirviendo, o cuántas tablas de Excel tengas abiertas donde compruebes que las cuentas no dan, en el futuro todo va a estar bien.
 


Animado por esa campaña en positivo, se me ocurrió escribirle a Edgar Ramírez para que me contara sobre su vida desde el futuro. Un chamo del Táchira, Edgar llegó a Caracas a estudiar Comunicación Social en la UCAB. Ahí se metió en el mundo de los modelos de Naciones Unidas -el hombre quería ser diplomático- y en el Festival Universitario de Video (VIART), pues también tenía la espina de ser actor. Todavía no estaba claro. No en balde, en sus inicios, el guionista mexicano Guillermo Arriaga le dijo en broma: “Ese has podido ser tú cabrón”, cuando le mostró la cinta Amores Perros donde salía Gael García Bernal en pantalla haciendo un papel que le fue ofrecido a Ramírez y cuya oferta pasó.

La claridad llegó con Cacique. Cosita Rica, telenovela archifamosa de Leonardo Padrón para Venevisión, vio a Edgar Ramírez en un papel de buhonero. Sus amores en la pantalla chica con Marisa Román obligaron al escritor a incrementar el peso de su papel en la novela. Todo el país tenía que ver con Cacique. Y desde entonces todo el país ha tenido que ver con Edgar Ramírez.

A Edgar lo hemos seguido de cerca. Hay una cosa de ver a un venezolano en un cartelón de una película que lo hace sentir a uno orgulloso. Lo mismo pasa cuando lo vemos en una entrega de premios. Quizás jamás lo hayamos visto en persona pero uno siente como si fuera un primo suyo. Keira Knightley está a seis grados de separación de todos los venezolanos por Edgar, igual Robert de Niro, Jessica Chastain y Juliette Binouche. Pero lo mejor es que con él, podemos escaparnos hacia una aventura cinéfila de buenas historias donde vemos cómo traduce magistralmente un guión para regalarnos en cada ocasión un personaje increíble.

Pero no siempre fue así. Hubo una época donde quizás él ni siquiera soñaba con calzarse las botas de Simón Bolívar, ponerse los guantes de Roberto Durán o montarse en la tabla de surf de Bodhi como otrora lo hiciera Patrick Swayze en la película Point Break, cuyo remake ha sido anunciado. Hubo un momento donde Edgar Ramírez era tan solo un estudiante como conté en otra entrada, y también otro donde simplemente era un traductor. Ésta es esa historia, contada en sus propias palabras desde el futuro:

 
 
En la universidad tú eras el chico de VIART y del Modelo de Naciones Unidas. ¿En ese momento era intraducible definir quién es el Edgar Ramírez de hoy o ya existía la espinita actoral?

Siempre existió la espinita actoral, pero no me producía dolor ni frustración. Estaba muy contento con lo que hacía en la Universidad y con lo que anhelaba para mi futuro: una vida llena de viajes, experiencias intensas y personas interesantes. Y esa es justamente la vida que vivo, y por la cual me siento profundamente agradecido.

Estudiando comunicación social, tu interés también estaba en las relaciones internacionales. ¿Un sueño frustrado o había un mejor sueño?

Recuerdo que cuando fui investido como Embajador de Buena Voluntad de UNICEF, comenté en mi discurso que sin planificarlo de esa manera, mis dos grandes sueños en la vida se habían fusionado en perfecta armonía: Ser actor,  y a la vez funcionario de las Naciones Unidas; el mundo de las artes, y el mundo de las relaciones internacionales y el trabajo humanitario. Con el tiempo he concluido que mis motivaciones en la vida son esencialmente humanistas y que hubiese sido feliz ejerciendo cualquier actividad que tuviese como centro la experiencia humana y su fascinante complejidad. 

Hay oportunidades que dejamos pasar por no ser el momento adecuado. ¿Volverías a decirle que no a Guillermo Arriaga?

Jaja, claro que no. De hecho estamos ya planificando hacer algo juntos.

¿Estabas consciente que el ser traductor era solo un paso o hubo momentos en el que pensaste que era mejor no seguir caminando?

Cuando decidí ser actor sabia que los ahorros de mi trabajo anterior como Comunicador Social no durarían más de un año, así que necesitaba realizar una actividad productiva que me diera para vivir y que al mismo tiempo no me atase a una oficina ni a un horario. La flexibilidad y la independencia eran claves. Necesitaría ir a castings, reuniones, viajes, tener la posibilidad de matar tigres, hacer comerciales, y si todo salía bien, irme 2 meses a hacer una película sin tener que pasar por el trance de pedir permisos imposibles o renunciar a un trabajo. De modo que me senté a analizar mis fortalezas, las cosas que sabía y disfrutaba hacer y me di cuenta que mi trabajo anterior me había dejado una amplia red de contactos en distintas embajadas y empresas trasnacionales, y mi educación me había dejado la enorme oportunidad y privilegio de hablar fluidamente otros idiomas, y una afinada intuición para las relaciones interculturales.

Entonces me dije, pues nada, a llamar a todo el mundo y ofrecer servicios de  intérprete en inglés, francés, alemán e italiano en clave motorizado con moto propia. Y así fue.

¿Recuerdas el momento específico en el que te viste traduciendo menos y actuando más?

Sí claro, cuando me llamó Leonardo Padrón para hacer COSITA RICA. Por primera vez pude vivir sostenidamente de mi oficio como actor.

De Cacique a Ares, de Cyrano a Simón ¿qué queda de ese traductor llamado Edgar Ramírez?

Supongo que la habilidad para adaptarme, comprender y desarrollar empatía con ambientes culturalmente diversos y muchas veces en conflicto. Recuerdo que cuando estaba filmando CARLOS, estuvimos más de 5 semanas seguidas en Alemania. El equipo principal y las cabezas de departamento eran franceses y como era de esperarse, se encontraban en pugna cultural con el equipo local alemán. Los franceses muy sensibles y apasionados, y los alemanes precisos y pragmáticos. Básicamente se odiaban. El caso es que en muchos momentos, durante los cortes de comida o en el tráiler de maquillaje, me tocaba escucharlos despotricando los unos de los otros en francés y alemán respectivamente, y el único que entendía las barbaridades que se decían en sus propias caras, era yo. Cuando dejaban de hablar inglés y decían algo en voz baja en francés o alemán, ya sabia yo que venía un insulto o una queja. Al principio me sentía como un niño en medio de un divorcio horrendo, y me incomodaba. Luego lo asumí como una ventaja para entender mejor las dinámicas internas del rodaje, surfearlas más fácilmente y ayudar a calmar los ánimos y a reducir los prejuicios. Y así muchas otras experiencias de ese tipo…unas más graciosas y otras más dramáticas.

¿En qué idioma se le habla a un director?

En el que mejor comprenda.

Los que tenemos sueños generalmente levantamos botellas de champú en el baño frente al espejo practicando para cuando nos ganemos un premio. ¿Se vio Edgar Ramírez alguna vez en este cliché sin saber que algún día levantaría un César?

Jamás. Y te lo digo sin un ápice de demagogia. Si ves el youtube mi discurso de agradecimiento del César – el cual escribí a brochazos en el carro camino a Chatelet y a petición de mi agente que me dijo: “no está de más preparar algo…” – Te darás cuenta que fue un desastre. No sabía qué pasaba, todo me daba vueltas; la garganta se me secó, no podía respirar. Todo fue un esfuerzo titánico para no ponerme a llorar como un niño. Fue muy emocionante.

Roberto Durán una vez dijo: “La vida de un boxeador se basa en pelear por títulos mundiales”. ¿En qué se basa la vida de un actor?

En acercarse, en explorar e intentar comprender los grandes temas de la humanidad a través de la especificidad y singularidad de un personaje.

¿Qué pone Edgar Ramírez luego del hashtag #yolograré?

Alcanzar la plenitud.

 ¿Dónde, cómo y con quién se toma el whisky perfecto para celebrar desde el futuro?

En cualquier lugar…en las rocas, y con mi papá.

Tuesday, May 27, 2014

De Cómo Edgar Ramírez Me Enseñó A Batir el Chocolate

 
 
En el primer año de mi carrera en la Universidad Católica Andrés Bello tuve una novia. Era la primera mujer que conocía a la cual le gustaban las mismas cosas que yo: toda la discografía de Simon & Garfunkel, frases sueltas de libros pretenciosos y el drama. Mucho drama. Nos empatábamos frente a la estatua de Andrés Bello y terminábamos esa misma noche en una calle oscura de Los Chorros. Después negociábamos volver y a la semana ella me terminaba a mí en la terraza de su casa reprochándome sobre mi inmadurez. Ciertamente, yo tenía una franela con el logo de Superman en el pecho. Ella en cambio, dos amigas escondidas detrás de una cortina.

Así fue más o menos todo ese primer año. Los grupos de estudio se tenían que dividir porque ella y yo no podíamos estudiar juntos. Luego, el grupo de estudio se volvía a reunir porque ella era la única que sabía explicar lo que eran las obligaciones propter rem y si no estudiábamos con ella, no solo raspaba yo, sino que raspaba todo mi bando. Todo lo que ella hacía, inevitablemente lo terminaba haciendo yo. Un día ella fue a comprarse una planilla para presentar un examen del Modelo Harvard de Naciones Unidas en la universidad. A los veinte minutos bajé yo corriendo al Módulo 3 donde vendían esas planillas y me compré una.

Yo quedé en el equipo.

Ella no.

Ahí terminó nuestra historia de amor.

Yo comencé una historia de amor conmigo mismo. El equipo de la Católica para el Modelo Harvard significó para mí un descubrimiento. No de lo que quería ser –en ese entonces, abogado- sino de quien era en ese momento a los veinte años. Cuando se tiene veinte, todo el mundo te pregunta qué vas a hacer después, nadie se preocupa en preguntarte sobre quién eres ahora. Harvard me regaló la oportunidad de cuestionarme todo y pensar en eso.

Entre filósofos que tenían teorías hasta del porno, comunicadoras que podían citar a Baudelaire en una oración y luego a Sandy y Papo en otra e ingenieros a los que les dabas un Q-tip y un teipe plomo y construían un centro comercial en la parte trasera de una Montero, eso era el paraíso. Que íbamos a salvar al mundo en cuatro días de un simulacro de Naciones Unidas no era un juego. Nosotros íbamos realmente a salvar el mundo.

Una de esas personas que conocí en ese mundo fue a Edgar Ramírez. Él había estado en el equipo el año anterior, el cual había sido importante puesto que era la primera vez que una universidad venezolana había recibido un Honorable Mention en la competencia. Edgar y los de esa delegación eran para nosotros a big deal. Gente grande, pues. Y aunque muchos de su delegación ya habían forjado su camino en pasantías o recobrado una fin de semana normal donde se iban a la playa, Edgar siempre encontraba la manera para venir a visitarnos en un domingo de reuniones y contarnos sobre su experiencia en el Modelo.

Una de las cosas que a todos nos marcó fue una frase que él nos dijo a pocos días de irnos a Boston, donde se iba a celebrar la competencia: “Muchachos, es tiempo de batir el chocolate”. Con esto quería decir que o nos movíamos y hacíamos cosas maravillosas dentro de cada uno de nuestros comités, o la masa se quedaba fría. Eso se convirtió para nosotros en un mantra. “Estoy batiendo el chocolate en comité que te cagas”… “Batting the choco” nos decíamos mientras nos veíamos por los pasillos. Algo que suena gallo, pero que era necesario para darnos ánimo entre el estrés de lograr un puesto importante.

Perdimos big time ese año. Pero eso no nos importó. En parte gracias a Edgar entendimos que batir el chocolate significaba prepararse más que Rocky Balboa frente a Iván Drago. Al año siguiente volvimos y recuperamos ese Honorable Mention. Al otro, yo lideré el equipo que se ganó el primer premio en toda la competencia, primera vez que lo hacía una universidad no anglosajona. El chocolate no es que estaba batido, el chocolate ya era una marquesa.

Cinco, diez años después, ya todos somos gente grande. Mi novia de la universidad y yo somos grandes amigos. De vez en cuando la fastidio diciéndole que se casó con un tipo que se llama igual que yo porque nunca se pudo sacar ese clavo. Los filósofos, comunicadores administradores y en general gente que alguna vez tuvo el pelo verde o azul que me acompañaron en Harvard son gente que está salvando el mundo sin duda. Puede que algunas se sienten junto a Christiane Amanpour en CNN, puede que otros solo sean papás, pero yo no dudo por ningún segundo que en su closet tienen el traje de Los Increíbles. Yo dejé de ser abogado y ahora soy un, digamos respetable, buhonero. Y Edgar… pues ya todos sabemos en qué se convirtió Edgar.
 

 

Recientemente me topé con uno de los carteles de la nueva campaña de Johnnie Walker llamada “Desde El Futuro”, en la cual él sirve como embajador. Él sale solo en un fondo negro, con una única palabra: TRADUCTOR. El mensaje de la campaña es decirte desde el futuro que todo va a estar bien. No importa cuántos correos te falten por contestar, cuántas copias te manda a sacar tu jefe, si terminaste con tu primera novia o si tú estás leyendo esta entrada en mi blog a las cuatro de la mañana cuando deberías estar terminando tu tesis y no puedes más. Todo va a estar bien.

Me pareció que él había dado en el clavo con esa palabra que lo definió hace tiempo. Yo conocí a Edgar Ramírez mucho antes de que se metiera en el papel de Bodhi, Roberto Durán, Bolívar, Carlos, Cacique. Lo conocí cuando ni siquiera era traductor de idiomas, sino intérprete de motivaciones. Una tarde él le dijo a veinte chamitos: “Es tiempo de batir el chocolate”. Y ninguno de nosotros ha dejado de soltar esa paleta.-

Nota: Hace un par de semanas se me ocurrió hacerle una mini entrevista para el blog sobre sus inicios la cual pueden leer aquí.  

Friday, May 23, 2014

¿Quién Le Teme a las Costillas de Thalía?

Hay mitos de mitos pero no hay leyenda más famosa que aquella que aseguraba que la cantante mexicana Thalía se había sometido a una operación para quitarse sus costillas inferiores. Qué loquera de mito, extraerse costillas para verse más flaca. Si eso fuera, verdad ¿qué habría hecho luego Thalía con sus costillas? Yo viviría con miedo si fuera Tommy Mottola, su marido. “Thalía, mi amor, ¿qué hay de cenar?” “Algo sencillo mi vida, costillitas al vapooor”.
 
Me imagino que Thalìa se debe reír con ese mito, pero hubo una época en donde todos creíamos que era cierto. ¿Quién no ha contado algo que asume que es verdad porque lo lee en todas partes? Que si Walt Disney está congelado, que si a Ana Obregón le explotó un pecho de silicona en pleno vuelo aéreo, o que si hablas por celular en una gasolinera, la gasolinera explota. Por Dios, los celulares no matan… Lo que mata es cuando llega la cuenta.
 
Lo cierto es que vivimos rodeados de mitos y leyendas que siempre salen a flote y todo el mundo se los cree. El tema es que no hay manera de descartarlos porque hemos estado expuestos a los mitos desde chamos. Yo culpo a mi madre. En mis 34 años de vida, jamás he conocido a un solo ex niño que recibió carbón en Navidad. Mi mamá, no obstante, comenzaba con ese mito-amenaza desde octubre. “Mira Juan José, yo conocí a un niño tan malo, tan malo que San Nicolás le trajo carbón, ¡carbón! ¿Tú quieres que te traigan carbón? ¿Ah? ¿Ah?”
 
Claramente yo me volvía más bueno que monaguillo en Domingo de Ramos. No iba a ser yo el que cumpliera la leyenda del carbón. Pero siempre me tuvieron así, amenazado a punta de mitos. “Juan José, salte del mar, salte que acabas de almorzar y se te corta la digestión, cuento tres y llevo dos”. Y uno se tenía que salir del mar a regañadientes, pensando: “Ya va, ¿se me corta la digestión o la diversión?”
 
Como consecuencia de todos esos mitos amenazadores, yo soy un producto adulto de traumas infantiles que van desde el temor a quedarme bizco por acercarme mucho a la televisión hasta sentirme culpable por haberme tragado un chicle y creer que tengo una mata en la barriga.
 
Pero peor fue mi hermana. Mientras a mí me criaron con el mito del niño que cruzó la calle solo y se lo llevó una gandola, mi pobre hermana creció con los mitos relacionados a la belleza. ¿Cuántas veces no oí yo a mi mamá decirle que el pepino era bueno para los ojos, los limones para los codos y las fresas para las varices? Uno entraba al cuarto de mi hermana y no sabía si estaba en un spa o en un stand de frutas.
 
Es terrible la creencia ciega de los mitos. Pero por más que sepamos que no son ciertos, los mitos se adaptan a los nuevos tiempos. Antes existía el mito de que no podías hablar con extraños. Ahora eso se llama Twitter. Antes estaba el mito de que Dios le había quitado una costilla a Adán para crear a Eva. Ahora, no hay una sola Eva que no se vea el espejo y piense si será verdad aquello que dicen sobre las costillas de Thalía.
 
Revista Etiqueta. Edición mayo 2014. Caricatura by Rayma.

Thursday, May 22, 2014

Tu Fracaso Afuera No Es Culpa del País

 
 
Esta mañana me llamó una señora con la cual tenía tiempo que no hablab quien me contó que se había regresado a vivir a Venezuela. Eso me alegró, yo soy el tipo de gente que apuesta por el fracaso de todo venezolano en el exterior. No por malicia ni envidia, sino porque a mí me parecería lo máximo que toda la gente a la que yo quiero siguiera viviendo en el país. Diría que como Los Pitufos pero suficiente idea de comuna tenemos aquí como para andar soñando con Pitufina.

Le dije a la señora que me alegraba por su regreso pero mi comentario no fue agradecido. “Ay, ¿cómo me vas a decir eso?”, me contestó. “Yo estoy tan deprimida que me regresé a esta mierda. ¿Qué carrizos voy a hacer yo aquí?”

Le sugerí que se comprara una pistola y se matara.

La señora me trancó el teléfono.

No tengo la culpa que me alegre el regreso de las personas. Detesto ser deshonesto y decirle a alguien: “Pero, ¿para qué te regresaste? ¿Tú estás en drogas? En el aeropuerto te han debido ver como una loca.”. Si uno se regresa a a Venezuela es porque quiere volver, no encontró lo que esperaba afuera, o le contaron de un negocio enchufadísimo aquí y es de nacionalidad china. Pero si para alguien el regresarse implica el equivalente a vivir en Mordor, es más factible que se haga barrendero afuera. No conozco ni un solo caso donde el barrer le quite el caché a lo digno.

Todos tenemos un pasaje de ida de Venezuela, eso lo tengo yo clarísimo. Lo que nadie tiene claro es cuando le tocará su fecha de partida. Hay gente que el lunes después de cada elección le llega su hora. Otros cuando no encuentran trabajo o casa, o encuentran que llegando del trabajo les desvalijaron la casa. Pero decir que no nos están botando es como creer que no hay vuelos en Venezuela porque la flota aérea los está desviando por culpa del Mundial. (véase: "La Vida según Rafael Ramírez".)

Yo lo veo con las traducciones. Amigos míos que decían que jamás de los jamases se largarían del país, hoy me llaman para pedirme una traducción de su partida de nacimiento  y la de todos sus hijos. Me choca hacer ese tipo de traducciones porque sé que con ellas contribuyo al drenaje de talentos de mi país. Pero lo entiendo, tiene que haber una tierra en este mundo donde el Twitter no sea solo de política y la sobremesa sobre secuestros. Todo el mundo se merece una vida feliz. Pero no es menos cierto que todo el mundo también se merece regresar a la patria donde nació. Y si eso considerado un fracaso pues hay una bella opción llamada cambio de nacionalidad.

No niego ninguna realidad. Yo me leo el periódico todas las mañanas de mi vida y sé cuán jodidos estamos. Las agencias noticiosas se deberían quitar el caretón y titular siempre: "En Venezuela la cosa sigue pelúa". Antier fui a comprarme un tubo de pasta de dientes al mercado. La cola para pagar llegaba hasta el fondo donde queda la carnicería. Salí de ahí cuarenta minutos después con una pasta de dientes, unos velones de José Gregorio Hernández, una bolsa de carbón que no necesito y el teléfono del carnicero para llamarlo cuando le llegue el rosbif.

Es horrible y sé que en ningún lugar del mundo se promocionaría el estilo de vida de un caraqueño en un brochure de viajes. No soy iluso, eventualmente me botarán de mi calle, de mi municipio, de mi estado, derechito por los dos boquerones de la autopista y fuera de mi país. Eso sí, obligado y derrotado. Pero yo no regreso a contar que soy un fracasado porque me regresé. Soy un fracasado porque no encontré nada afuera, pero no porque me devolví a Caracas. ¿Qué culpa tiene Venezuela de que uno se negara a trabajar como un limpiador de pocetas en un shopping mall en Wisconsin solo porque los abogados no limpian pocetas?

Si yo me voy botado de Venezuela, es para odiarla, negarla, y escupir cada vez que alguien mencione su nombre. Si me largo es para olvidar todo mi pasado, cambiarme la identidad y todo lo que alguna vez me hizo hombre bajo este clima perfecto. Si me voy es para demostrarle todo lo que yo puedo hacer allá que no me dejaron hacer aquí. “Mira, Venezuela: ¡Leche! ¡Leche! ¡Cartones de leche en cantidades!”… “Mira, ¡me compro un pasaje y no tengo que hacer carpetas como me mandabas a hacer tú! ¡Mira, camino de noche y nadie me asalta, nadie, nadie!” En corto, si me voy en esas condiciones, es para no volver. Así tenga que ser barrendero de día y limpiador de pocetas de noche.

La razón es sencilla. Si he de volver al país, prefiero morir antes que lamentarme del fracaso que implica vivir en Venezuela. Porque a menos que yo dependa de un subsidio, una remesa o algo que ilógicamente deba solicitarle permiso al gobierno venezolano, no es Venezuela el fracaso. Es que yo fracasé viviendo en otro país.

Y eso sí que no es culpa de este país.-
 
Foto: Dinuel.

Wednesday, May 21, 2014

Si el pipnic de Marjorie hubiera sido en Londres

Enviado utilizando: princesiapujito1995@hotmail.com
 
Archivo: Bandeja de Entrada
 
Estatus del Mensaje: Enviado
 
Hola Amiguis: K nais lo k m mandaste por Feisbus pero t mando un emilio pq el Feis se me blokio y no se pq. Todo fino aki en Londres : ) Hoy fuinos yo y Sonia con unos amigos k conosimos anoche en un rastauran a un pipnic. Al precipicio yo no sabía lo k era eso pero Sony me dijo k q m labara haya abajo por si a las moscas. Me puse la falda que le emprestaste a Sonia amiguis, me quedó más fiiina.

Aki en Londres sero ampa marik. Los tipos k nos llevaron pal pipnic ivan con un carro encapocable k no saves lo rico. A Sony no le gusto mucho pqyk el cabello y la vaina jijijijiji pro esta ktaki me lo desfrute kmo no saves amigui. El pipnic es lo matsimo. Fuimonos a algo k se llama la caipiriña inglesa y hay nos hechamos sobre una savana con puros sanguichitios con jamón y bayonesa y un vinito que sabia adivino. 
 
Los tipos bien marika pro nada k ver como los de haya. Aki son todos como correptos. Pero reina si m bieras hablando en englihs. Estoy casi tan troglodita como Guinston Churshill o kmo se escriva. Y eso k tu m decias k la cosa iba ser fuertisima pq nadie m iva entender pro aki me hando bandiando. k si jawaryu y sankiuberimush jijijijijiji no sabes aki todo los londresenses me aman :) :) :)  
 
La tarjeta Cadibi bien amiguis pero un peo. Tu sabes k el chopin a la mil pq ahi demaseadas tiendas pro tienes k andar resandole a la Mielagrosa en kda tienda pq t pase la tarjeta. Ruego del pipnic fuimonos Sony y yo y los tipos a una tienda glandisima que se llama Harods y Sony se anteojó de una medaya con una foto de la Leididi que vio mas fina pro la tarjeta no le paso ni de vainilla. Hay se medio molesto conmigo pq yo no le empreste la mia pero no miamol ahi k cuidar los biyuyos de una pq ruego se m engastan y me kedo pelando. Ar final se lo regalo un tipo k se llama Piter k hay le anda callendo a Sony jijijajaajjiji pero va a salir callendo y corriendo pork esa Sony no sabe ni kmo c endise jelou. :)
 
Horita tenemos k bajar al lovely pq los tipos del pipnic nos bienen a buscar pa un tiatro. Algo y k la ratonera marik k sera sabaina? A mi m sale un raton y yo salgo estrampada de la cagason. Y mañana bamos todos a algo k se yama la Bahía de Guesminster y luego al palasio de Bukinhan donde disen k vibe la reina y hay unos wachimanes k usan unos conos peluos en la cabesa.
 
Kmo está el Keider? M le mandas saludos y ami Ami tan bien. T dejo amiguis pq aki el guifis me lo estoy chuleando pro m le mandas un beso a todos por haya.

Porfis llama a mi mama y dile k estamos bien y k le empedimos la bendision. Porciento, t manche la falda k le emprestaste a Sony marika, zorri. :) :) :)
 
Tamo amiguis
Marjorie.
 
Posdanta: no sabes el metro. Todo el mundo yk maind yor gap, maind yor gap. Eso no es una tienda?

Tuesday, May 20, 2014

Debut y Despedida

 
Mientras escribía "La Hora Loca", tomaba inspiración en cosas que me daban risa como videos y fotos que encontraba en Internet. Si algo me gustaba lo suficiente, redactaba una historia de cómo yo me imaginaba que había pasado la cosa. Algunos cuentos fallaron olímpicamente, otros se quedaron en el tapete hasta que llegó la hora de hacer un corte y decidir cuáles eran los finalistas para poner en el libro. Éste es uno de ellos que no lo logró. La idea me vino luego de ver a un ancla en un noticiero en los Estados Unidos que le pasó algo similar, lo cual en su momento me dio demasiada risa. No lo incluí porque me molestaba la idea de que el chiste del cuento fuera una grosería pero como en este tea party se pueden decir groserías, aquí lo cuelgo.
 
DEBUT Y DESPEDIDA
(Cuento no incluido en "La Hora Loca").
 
Carlos Aguilar se sienta en la sala de maquillaje a que le pasen un polvo por la cara. El brillo de los reflejos en televisión hace que esto sea un paso reglamentario pero Carlos no le presta mucha atención. Estudia sus notas con la dedicación de un principiante, cosa que lo es. Esta es su primera aparición como ancla de la edición meridiana de Noticias Globales y no quiere cometer ningún error.
 
No es para menos. Un joven recién llegado con un postgrado de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Nueva York y con algo de experiencia como reportero podría haber significado algo diez años atrás. Hoy en día las televisoras apuestan por caras reconocidas como anclas lo cual implica tener que esperar hasta que muchos de ellos sencillamente colapsen en vivo por cuestiones de vejez y tengan que ser sustituidos entre comerciales.
 
Carlos ha tocado varias puertas a su regreso a Valencia. Ha enviado su resumen curricular y su demo a todos los canales de televisión de la ciudad pero no ha tenido éxito con ninguno. Finalmente se da su gran oportunidad. El canal Valens, capitalizando en el rating que ha tenido con una novela mexicana que transmiten a la hora del almuerzo, ha decidido buscar personas más jóvenes para que funjan como anclas de su noticiero y así atrapar una mayor audiencia demográfica en un horario más temprano. Encantados con la prueba de Carlos, deciden apostar por él y lo contratan.
 
Mientras el maquillador le aplica base a su cara, Carlos estudia sus notas. El libreto dice que Karina Lazarte, su compañera en el noticiero, lo va a introducir. Ahí él debe contarle a la audiencia que está feliz de trabajar en el canal  y pasar inmediatamente a la primera notica, una transmisión en vivo y en directo al Palacio de Miraflores para cubrir la visita del Presidente de Vietnam a Venezuela.
 
Comprendido el guión, Carlos se levanta de la silla de maquillaje, se ajusta la corbata y se pasa la mano por la pollina con un peine. Cuenta diez segundos frente al espejo asegurándose de que todo le va a salir genial y sale de la sala persignándose.
 
Ya en el estudio, le da la mano al director y conoce a Karina Lazarte. Sentados en sus respectivas sillas, ambos hacen un repaso de las noticias.  Uno  de los utileros se acerca y les coloca el micrófono de balita, dándoles un audífono para que se lo pongan en sus orejas.  Por ahí, le indican, le darán las señas para que pase de noticia en noticia.
 
Carlos se pone el audífono pero solo escucha una estática ensordecedora. Aunque intenta advertir que no escucha nada, ve que el utilero se aleja y que el director está concentrado en mandar la toma al aire. "Epa, por aquí no se oye nada sino un ruidito", comenta Carlos, pero nadie le presta atención. Con su espalda a los anclas, el director comienza a hacer el conteo regresivo y Carlos intenta en vano captar su mirada. "Epa, es en serio que lo que se oye es un pito", susurra Carlos, pero ni Karina Lazarte, quien estudia sus notas con detenimiento, voltea a verlo. Con la estática cada vez más sonóra dentro de su oreja, no oye al director cuando dice:  “Cuatro… tres… dos…
 
Karina Lazarte comienza a hablar:
 
- Buenas tardes y bienvenidos a Noticias Globales. Hoy le quiero dar la  más cordial bienvenida a mi nuevo compañero….
 
- ¡COÑO DE LA REPUTÍSIMA MADRE, QUÉ GUEVO CON ESTA VAINA QUE NO SIRVE!”
 
-…Carlos Aguilar, periodista profesional, quien estará junto a mí en la narración de las noticias de la edición meridiana. ¿Carlos?
 
Las llamadas al canal Valens en protesta hacen que Carlos Aguilar salga del aire en el cuarto segmento de la edición meridiana de noticias, dejándole la responsabilidad a Karina Aguilar de explicar cuánto lamenta el canal que hubieran niños y adolescentes presentes en el momento de la transmisión del incidente profano el cual asegura no volverá a ocurrir.

Carlos Aguilar jamás volverá a hacer televisión. Hoy en día hace standup comedy promocionándose con el slogan: “El hombre que duró más tiempo como invitado en Chataing TV que en el Noticiero”.

Thursday, May 15, 2014

En Casa de Los Buchanan de Toda La Vida

Una de las cosas que más me gustó de mi tour por Gran Bretaña fue visitar la casa del bisnieto de James Buchanan, artífice del whisky, el cual en 1898 consiguió una autorización real para suplir a la Reina Victoria y al Príncipe de Gales con whisky Buchanan’s. Es lógico, después de pasarse todo un día inaugurando parques, reuniéndose con el Primer Ministro y guindando medallas en las solapas, un monarca no tiene más nada que hacer a las seis de la tarde sino echarse un palo.
 
A 16 kilómetros de Northampton, Cottesbrooke Hall es una impresionante casa construida en 1702 con arquitectura típica de la Reina Ana. Perteneció a varias familias e incluso fue prestada en 1877 para que Sisi Emperatríz se fuera de caza (y es que en los jardines provoca cazar) hasta que en 1937 fue adquirida por la familia MacDonald-Buchanan, del whisky Buchanan’s de toda la vida.
 
En las escaleras de la entrada de la casa, como en una escena moderna de Downton Abbey, nos esperaba Alastair MacDonald-Buchanan y su esposa Sheran. Un señor absolutamente encantador que parece mayor de lo que realmente es. Creo que a todos en el grupo nos sorprendió su amabilidad. Generalmente este tipo de casas están llenas de cordones de "cietopelo" con señales de no tocar. Yo toqué todo. Para nosotros, Cottesbrooke Hall tenía sus puertas abiertas y sus inquilinos nos hicieron sentir como si fuéramos unos primos lejanos de una tierra foránea.
 
Al presentarme le dije al señor MacDonald-Buchanan que mi nombre era Toto. Se sorprendió y me respondió que un familiar suyo también se llamaba Toto. “Por Vittorio”, me dijo. Yo le contesté: “Ah no Señor MacDonald olvídese, lo mío es por un muy niche Tototé”. Aquí salgo con él junto al retrato de su bisabuelo James:

Cottesbrooke Hall  está llena de recuerdos y momentos de eras pasadas y el señor con el mayor de los gustos nos echaba cuentos detrás de los cuadros. Por ejemplo: “Éste es un cuadro de mi madre cuando era joven… no es muy bueno”. Eso me hizo quererlo más. Explicó que James Buchanan tuvo una única hija y cuando llegó la hora de casarse, su prometido aceptó agregar el Buchanan al apellido para preservar su legado.
 

En un salón privado nos sacó fotografías de Buchanan, así como las botellas originales, camisetas, trofeos y hasta un pedazo de fémur preservado luego de una aparatosa caída de un caballo. Apasionado de la equitación, Buchanan llegó hasta la Argentina donde pudo establecer su marca fuera de Gran Bretaña, y aprovechar para traerse a dos jockeys y un caballo de carreras de vuelta. Fue mágico ver todas esas piezas puestas ahí.
 
A mí lo que más me encantó de la casa fueron los jardines, los cuales llegan hasta donde alcanza la mirada. Luego de un suculento almuerzo en el salón principal el cual terminó con helado hecho de miel de abeja de un panal en la propiedad, me fui con Rossana mi amiga dominicana a echarme un cigarrito y pasear por ahí. Rossana estaba en éxtasis, corría por la grama como si fuera Heidi y se paseaba entre el centenar de ovejas puestas para cortar la grama. Tan contento no estuvo el mayordomo quien tuvo que agarrar los zapatos de Rossana para echarles una limpiadita, luego de que el señor MacDonald Buchanan descubriera que su feliz huésped había pisado un regalito ovino.
 

Nuestra visita terminó con una cata de toda la selección de whiskys Buchanans dirigida por Ewan Morgan, maestro de whisky en Diageo quien nos acompañó durante todo el viaje. De 36 años de edad, Ewan era lo máximo porque te echa el cuento del whisky como si te estuviera echando un chisme. Le quita lo pretensioso y se va más a la técnica, arte que conoce como buen escoses al haber crecido entre destilerías. A Ewan lo mareábamos todo el día con preguntas y él y yo tuvimos una buena conversación sobre cómo se toma el whisky en Venezuela. “No es lo correcto pero échale tu agua”, me decía, “yo fui a Caracas y ahí lo que hace es calor”. 20 puntos Ewan.
 

Ya listos para abordar el autobús que nos llevaría a un próximo punto en nuestro tour, me despedí del Señor MacDonald-Buchanan y de su esposa, no sin antes comentarle sobre sus yuntas. “Eran de mi bisabuelo”, contestó orgulloso sobre una pieza que debería estar en un museo. Eso me contentó, somos similares. Las cosas se usan, se gozan y se llevan para contar cómo fueron conseguidas.

No sé porque me vino a la mente en ese momento el cuento de una señora aquí en Caracas que había heredado una vajilla de Limoges. La casa Bernardaud había fabricado dos vajillas iguales, una para el Sha de Persia y la otra para una pareja de recién casados en Caracas. La señora que heredó esta última vajilla nunca la usó porque “Ay y si se me rompe”. Una noche cenando en su comedor oyó un ruido estruendoso en la despensa. La polilla se había comido las estanterías y en un montículo en el suelo yacían todos los platos rotos que jamás usó. Eso me gustó de haber visitado la casa del bisnieto de los herederos Buchanan. Son la prueba de que la gente de toda la vida usa absolutamente todo.-
 

Fotos: Tim Bishop/Diageo PLC.

Wednesday, May 14, 2014

El Ponche Ya No Lo Toma Tu Abuela

 
 
La última moda en Londres es tomar ponche. Cierto, suena totalmente a algo con lo cual tu abuela se intoxicó para bailar el pasodoble con quien, espero, llegaría a ser tu abuelo. Un trago que varió de generación en generación y el cual vio su muerte en la mía cuando mi mamá solía poner en un recipiente de cristal comunal lo mismo que yo conseguía embotellado en el Bar Miami en Macuto yendo hacia la playa: la guarapita.
 
Ahora bien, el ponche ya no es el de tu abuela. Esto lo vi en mi tour Buchanans donde me quedé en el recién restaurado Hotel Edition en la ciudad de los sombreros chistosos. Ahí comprobé que la modernización de viejas tendencias son completamente adaptables y no tenemos excusa para sentirnos como si fuéramos del ayer. Lo que en otra circunstancia parecería un lobby sacado de la pre-guerra, había sido completamente modernizado con muebles que quiero para mi casa y un impresionante huevo colgado desde el techo del lobby donde puedes ver sin mirar directamente a cualquiera que entra. Viéndome ahí donde sentía que no pegaba (porque nadie con jet lag pega), el huevo me dio una advertencia: o me volvía cool instantáneamente o me mudaba a una pensión donde leen Brontë durante el té y comentan sobre el clima.
 
 
 
 
Optando por aparentar ser cool, le di un saludo militar al huevo y me dirigí hacia la recepción. Eran las siete de la mañana y estaba cansado, algo normal  luego  de un vuelo trasatlántico donde lo único que quería era empiernarme con una almohada y un tapa ojos. Pero es imposible dormir en un hotel donde quieres agregar a los recepcionistas en Facebook. Nunca antes, salvo en Panamá, había experimentado yo tan amable recepción. Llegué mucho antes del check-in lo cual le amargaría la experiencia londinense a cualquiera. Y aunque no podían darme un cuarto porque estaban a casa llena, el Hotel Edition me dio hasta café venezolano para que no extrañara mi casa y me llevó a Berner’s Tavern, su restaurante, para que me desayunara como si fuera el Duque de Windsor.
 
Berner’s Tavern es un restaurante que me impresionó. Parece un salón de bailes y sus paredes están forradas de cuadros desde el techo hasta el piso. Está tan forrado que la pobre señora que limpia seguramente pasó tres meses buscando el interruptor para apagar la luz de noche. Parece una sala escondida del Metropolitan Museum, lo cual me fascinó porque a mí me encanta el Metropolitan. Que me dejen comer adentro de él, pues es un plus.
 

 
Desayunando fue que me di cuenta que el hotel o es muy nuevo o la gente es más atenta que una galla en clase de Química. Como yo no soy muy de desayunar en grande, dejé una de mis panquecas sin tocar. Para el mesonero, eso fue como si hubiera fallado en hacerle una reverencia a la Reina. "¿Por qué no le gustó la panqueca?" “¿Cómo podemos mejorarla?” “¿Cree que tiene demasiado sirop encima?” Jamás me había sentido tan connoisseur del mundo de las panquecas. IHOP me debería dar una medalla.
 
Una amable argentina se acercó a mi mesa y me dijo que mi cuarto estaba listo. Con 24 horas sin dormir, mi reacción fue casi como la foto de Eisenstaedt en Times Square con el marinero y la enfermera. Mi habitación parecía lo que cualquier soltero quiere en un bachelor pad. Lo único que no me gustó fue un cuadro de una mujer parecida a Lady Gaga, con un turbante hecho de papel higiénico y en una pose digna de un cuadro de Vermeer. No solo porque parecía verme cada vez que abría los ojos, como si me preguntara: “¿Estás en Londres y tú vas a dormir?” También me inquietó porque en Venezuela, ella sería el nuevo icono religioso: Nuestra Señora del Papel Toilette.
 
 
 
Dormí 22 horas. Sin ninguna vergüenza. Lo suficiente como despertarme al día siguiente para volver a desayunar la mejor omelette de mi vida (no quería comer panquecas para no pasar de nuevo por el cuestionario). Aprovechando la mañana me fui caminando por Soho y me metí en el British Museum para ver la Piedra de Rosetta que nunca la había visto. Luego me perdí por ahí viendo el hospital Ormond al cual J.M. Barrie le donó todos los derechos de su libro Peter Pan y me senté en un parquecito a ver gente. La vida de un europeo es tan plácida. Como si la única preocupación en su vida fuera si sus pantalones tubitos deben ser lilas o violetas esta temporada. O si su iPhone tiene pila, pero eso ya es una preocupación mundial.
 
Al regresar al hotel conocí a la gente de Diageo y a los periodistas que haríamos el tour de Buchanans por Gran Bretaña. Gente más simpática no me he podido encontrar. Éramos 19 personas de Argentina, México, Ecuador, Jamaica, República Dominicana y Jamaica. La amistad fue instantánea, lo cual es natural cuando reúnes a gente para tomar. Y fue ahí, con ellos, donde descubrí el arte del ponche.
 
 
 
El Hotel Edition tiene un salón llamado apropiadamente The Punch Room. Es un cuarto pequeño con paneles lisos de madera relleno de mesitas. Se puede reservar para dos personas o hasta ocho y es una manera espléndida para brindar con amigos o con un interés romántico. Esto me pareció chévere porque las poncheras donde sirven los ponches son todas distintas. Si vas con otra persona te lo pueden servir en un pote de helado de pewter o una copa de trofeo de plata, mientras que si vas con más te sale algo que un día esperas heredar de tu abuela.
 
La nota del ponche es que como es un trago comunitario, todos beben de la misma ponchera. Eso crea un aire de intimidad (porque tampoco es que vas a salir tú con gente cuyos gérmenes desconoces) donde metes tu vaso y te vas sirviendo. Ellos ofrecen ocho opciones en su menú, uno de los cuales es a base de leche el cual en letras suena asqueroso y en vivo sabe exquisito. Otro original es con la misma receta del ponche que sirvieron en el Titanic, lo cual me pareció decadente probar.
 
 
Los bartenders son como yo quisiera que fueran aquí en Caracas. Gente joven con ganas de satisfacer y sorprender al cliente. Alguien que no te dé pena preguntarle de qué está hecho un determinado trago o si recomienda que pruebes otro. Mi ponche fue hecho con whisky, canela y piña lo cual fue una sorpresa. Acostumbrado a tomarlo siempre con agua, la mezcla de sabores con canela y frutas fue algo que me tuvo dándole a esa ponchera hasta que recordé que el ponche engaña.


Esto es una buena sugerencia para una próxima reunión en la casa. No sé cómo se tomen mis amigos acostumbrados al ron o al whisky con soda la idea de compartir un bowl pero ya que estamos en tiempos socialistas me parece la perfecta y moderna idea para brindar.
 
 
Dejo aquí una receta que se la vi hacer a David Ríos, ganador del World Class Bartender of the Year, hace un tiempo la cual me pareció sencilla de hacer y divina para probar:
 
Ponche de Oro Vasco
 
  • 60ml de whisky Buchanan’s
  • 30ml de Amer Picon Bitter o Aperol (se puede usar el Amargo de Angostura que es el que se consigue en Venezuela)
  • 30ml de Jugo de Piña
  • 10ml de Granadina
  • 30ml de Soda 
Todos los ingredientes se mezclan en un bowl con un bloque grande de hielo en el medio y luego se cuela en una copa de vino (se le puede poner un hielito también). Como aderezo se le pone un twist de naranja y listo. Un ponche que definitivamente no se lo tomó tu abuela.

Fotos: Salvo la foto de la doña con el papel toilette en la cabeza y la del ponche de oro vasco, todas las fotos las tomó Tim Bishop/Diageo PLC TimBisMedia

Monday, May 12, 2014

El Matrimonio de Mi BFF (Al Cual No Fui Por Ir A Tomar Whisky En Otra Parte)

 
 
En febrero de este año mi amiga Zubi se comprometió con Nano. Su historia de amor me encanta, los dos se enamoraron porque una noche a Zubi se le ocurrió ir a bailar en el extinto bar Yesterdays Boleros del Ayer. Un año después estaban comprometidos. Que eso sea una lección para toda soltera con un sueño caraqueño: baila salsa en un bar niche y encontrarás lo que no existe en Le Club.

Una vez que se mandó la respectiva foto del anillo al grupo de amigos (y el cual fue discutido ampliamente en el grupo de amigos paralelo), comenzaron los preparativos para el magno evento. Zubi decía que ella estaba muy divorciada para casarse de velo y corona por lo cual ella quería una rumba reservada. Hay gente que no superó 1996. Por eso es que la adoramos. 1996 fue un año sensacional.

La idea de ambos era crear una fiesta donde la gente podría venir vestida como quisiera, comiera pizza, bailara los hits del ayer con la mano levantada (costumbre en desuso) y tomara ron porque no había real para el whisky. A mí, bebedor insigne del escoses, se me advirtió que me comprara una mulita para que no estuviera quejándome. Me pareció una idea genial. Súper alcohólica pero genial.

Un mes antes del matrimonio nos reunimos en mi casa para hacer las tarjetas a mano. Como estamos en protesta por el país, a Zubi se le ocurrió que sería una buena idea hacer las tarjetas tipo pancarta con una explicación que aunque el país estaba más frágil que un noviazgo con Lindsay Lohan, las cosas buenas no podían dejar de celebrarse en familia. Eso fue lo que escribimos, hasta un palito de helado le agregamos a la tarjeta para que la gente sostuviera su pancarta.

 

En el interín Diageo me llamó a mí para una reunión donde me ofreció algo que no me esperaba: un viaje por Gran Bretaña para visitar sus destilerías y probar el whisky Buchanans en todas sus formas. No habían terminado de decir whi… y ya yo tenía la maleta hecha con el pasaporte en la mano. Darme a mí una semana de puro whisky es como meterse en el selfie de los Premios Oscar que tomó Ellen. Viajar por Inglaterra y Escocia tomando whisky es como si Ellen pida tomarse un selfie conmigo.

En el ascensor saliendo de la reunión leí el itinerario detenidamente. Estupendo, pensé, salgo el 3 de mayo y vuelo hacia Londres vía Nueva York, uff qué bien un día completo para dormir y el 5 arranco con mi primera cata, qué emoción… 3 de mayo, 3 de mayo, ¿qué carrizos pasa el 3 de m…. ¡Ver la isla donde Orwell escribió 1984 qué not…. Fuck se casa la Zubi!

Darme cuenta de que me iba a perder el magno evento real fue peor que el anuncio del divorcio entre Carlos y Diana. ¿Cómo decirle a la Zubi, mi hermana, que yo me iba a perder de su eventazo?

“No se lo digas, ni se lo menciones, tú haces como si vas y después inventas lechina”, me aconsejó It's Good To Be. Decidí irme por la lechina. Después comenzó a darme piquiña al recordar la lechina así que me fui por la verdad. En el mensaje le puse: “Mi corazón, he decidido que como tú no vas a poner whisky en tu matrimonio, me largo a Escocia a tomar. Soy un malcriado, lo sabemos. Besos, Yo”.

A Zubi le pareció una idea estupenda.

Por cinco minutos.

Después comenzaron las depresiones de parte y parte hasta que finalmente se decidió que me iba porque en verdad es el viaje de la vida y estas cosas no es que te las venden en los quioscos como si fuera una barajita del Mundial. Pero no niego que montarme en un avión y calcular la hora en la que Zubi y Nano se daban el sí frente a todos los panas menos yo me hizo sentir que la invención de la tele transportación es URGENTE para el fomento de la amistad. Mucho más cuando Nano y Zubi me confesaron dos días antes de mi viaje que se habían quitado el caretón y comprado whisky para su rumba.

No siempre se puede estar en los buenos momentos. Cada vez más los amigos estamos a un Skype de distancia cuando a veces lo que más falta hace es un abrazo o estar al lado montado en una tarima subiendo los brazos. Lo bueno es que la vida continúa, los cuentos siguen y un momento genial siempre está a la vuelta de la esquina. A su regreso de la luna de miel nos haremos un cara a cara de si Escocia le ganó a la rumba reservada. Yo le mentiré y le diré que obviamente la rumba le ganó a Escocia. Porque eso hacen los buenos amigos. No importa qué tan bien la pasaron, siempre brindan por la felicidad de los demás. Preferiblemente con whisky.-

También te puede interesar:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...