Tuesday, July 22, 2014

Solo Vine a Hacer una Preguntica

 
Para ser una sociedad impaciente me impresiona la resignación con la cual los venezolanos nos hemos adaptado a hacer una cola. Sea en una farmacia o en un automercado, ya es habitual empujar nuestro carrito hacia el fondo del establecimiento y ponernos de último a esperar a que nos toque para pagar. Los que están delante y detrás de nosotros pasan a ser nuestros aliados para los menesteres del small talk. Una especie de Correo del Pueblo en 3D donde pasamos revista a todo lo que nos parece que está mal y cómo haríamos para mejorarlo.

Una de las cosas que no tiene solución es cuando de verdad tú vas a comprar un artículo y todos los demás tienen un carro lleno de artículos. Lo lógico sería que hubiera una fila para diez artículos o menos. A la Ley del Trabajo no le importa si tú te compraste un destapador de poceta o te llevas la vaca completa de la carnicería. A todos nos toca hacer la cola por igual.

Fui a comprar una bolsa de hielo al supermercado el otro día. Todo el mundo me vio con cara de “Ah sí, ya vas a poner cara del gato de Shrek para que te dejemos pasar. Pues no. Porque tú vas  a hacer una fiesta en tu casa y yo me voy a ir con esta compra a cuidar a cinco niñitos y a un marido inconforme”. Me fui al final de la fila y esperé. Cuando llegué a la caja registradora el hielo estaba más derretido que Olaf el muñeco de nieve en Frozen. No importa, yo entiendo que en socialismo no estamos para cortesías cuando todos intentamos sobrevivir.

Eso no debería suceder en sitios donde tienes que agarrar un número para que te atiendan. Léase bancos, agencias y un psiquiatra con una maquinita de esas que la puso solo por joder. Aquí aplica siempre la persona que dice “disculpen, solo vine a hacer una preguntica”. Solo que el “disculpen” es acto del pasado. Ahora vienen como si hubiera un ticket VIP y ellas fueran Veruca Salt, la niña malcriada de Willy Wonka.

Hoy voy a Santa Bárbara Airlines porque necesito preguntar si el e-ticket que imprimí de Despegar.com funciona para hacer los trámites de CADIVI. Al llegar, tomo mi ticket y miro hacia el marcador  el cual indica que hay siete personas delante de mí. Como tengo correos que contestar en el celular me siento en mi silla a esperar. Junto a mí está una señorita en lo mismo que yo. Los demás no sé en que andan porque yo no veo tan lejos.

Unos diez minutos después la señorita levanta la mirada y se molesta.

-Oye, vale -me dice-, ¿entonces para qué sirve esto de los tickets? Aquí hay un poco de gente que llegó después de usted y andan en el mostrador.

-Sí tienes razón -le contesto.

La señorita alza la voz: “Señores, por favor, vamos a ser ordenados. Hay un ticket ahí que deben agarrar. Yo entiendo que todos vinieron a hacer una pregunta pero ya han pasado seis y nosotros los que tenemos ticket  y que también vinimos a hacer una pregunta seguimos aquí”.

La agente de Santa Bárbara se percata del descontento y les pide a todos en el mostrdor que agarren un ticket. Todos lo hacen, excepto una señora quien solamente puede ser descrita físicamente como Desirée Santos Amaral (o Brujilda, lo cual es lo mismo).

La señorita junto a mí se molesta y al ver que el marcador ha cambiado para su número de  turno, se levanta y se pone junto a la señora Brujilda.

-Señora, por favor es mi turno. Yo también vine a hacer una pregunta e hice mi cola como todos los demás -le dice a la mujer coleada.

Mejor que no.

Brujilda agarra una calentera como si le hubieran dicho… bueno como si le hubieran dicho Brujilda.

-Mire, muchacha insolente –le replica en tono altanera-, ¿qué te has creído tú chica para hablarme así a mí de esa manera? Si yo lo que vine fue a hacer una preguntica.

La señorita (de la razón) le contesta: “Pues, yo también vine a hacer una pregunta, y el señor también y el otro también y aquí todos esperamos pacientemente”.

-Ah, ¿entonces yo soy la bruja?

-Obviamente -pensé yo.

… No, no pero es que esto es insólito –continúa Brujilda-. Venirme a decir a mí ¿qué? Cuando yo lo que vengo es a hacer una piche pregunta. No chica, ¡tú lo que eres es una abusadora! ¡ABUSADORA!

Yo soy un defensor de las causas perdidas y me molesta cuando la gente pisotea a los que tiene la razón. También soy un hombre que necesita urgentemente que le sellen un pasaje para poder decirle a un banco que le diga al Gobierno que me dé unos piches dólares que en teoría son míos.

-No lo digas, Toto, no lo digas, quédate quieto, quédate quieto –me dice mi Pepito Grillo en la cabeza. Pero al ver a Brujilda refunfuñar desde su asiento con su ticket recién tomado ya arrugado de la rabia, decido mandar al Pepito al carrizo y le digo en tono pausado desde mi silla: 

-Disculpe, señora, con todo respeto, pero yo creo que la abusadora es usted.

(Bueeeeeno…)

-Ah, y aquí salió el otro –grita Brujilda-. Ahora se pusieron de moda los metiches, pues.

-Si fuera metiche me hubiera coleado, señora. Lo que soy es justo. Aquí todos venimos a hacer una pregunta igual que usted.

-¡Pregunta mi culo! Tú lo que eres es un intrépido que te metes en las cosas que no te incumben. ¡Intrépido! ¡Intrépido!

Me río y bajo la mirada a mi celular. Como intrépído es alguien que no le teme al peligro, pues ahí no hay más nada que hacer. Pero no es hasta que me lanza esta perla cuando pierdo la paciencia:

-Es que míralo a él…  ahora se creen todos los machos… -continúa Brujilda hablando con un señor sentado junto a ella que no le presta mucha atención-. ¿Quién sabe qué será él? Seguro es un nuevo rico que vive una vida cochina y se va con sus reales sucios a un viaje cochino… Cochino.

Mi Pepito Grillo me dice: “No, no, no lo hagas Toto… Necesitas que te sellen el pasaje… No vayas a decir…”. Lo mando a callar y le respondo a la señora de manera calmada:

-Tan cochino es mi viaje señora que yo me estoy yendo a operar a mi mamá de cáncer.

Mi Pepito Grillo se pegó un tiro en el acto. Mi mamá no tiene cáncer y esto es una insolencia con todas las madres del mundo que desafortunadamente sí padecen de esa enfermedad.

-No me interesa tu viaje cochino, ni tu familia cochina, nuevo rico –me responde Brujilda.

En la sala se puede oír hasta el repaso del resaltador de la agente de Santa Bárbara. Nadie se mueve.

-Les voy a pedir el favor a los dos que se retiren si siguen con esto –advierte la agente para calmar los ánimos. Comienza a hacer pasar los números con la “suerte” que el número que me toca es el mío.

Me levanto al mostrador y hago mi pregunta: “Buenas, sí mire yo tengo que hacer CADIVI y aquí no sale la fecha de emisión de mi boleto. ¿Esto lo puedo hacer aquí?

La agente me explica de la manera más amable que debo ir a Despegar.com a que me emitan mi boleto allá y después volver a Santa Bárbara para que ellos me lo sellen.

Me despido y salgo. Nadie habla. Y ahí es cuando me doy cuenta de tres cosas: 1) en verdad mi problema era con Santa Bárbara. Que yo tenga que ir a otra oficina a que me impriman un boleto que en teoría me enviaron por correo para volar con la aerolínea en cuya oficina estoy es el colmo. 2) Todo eso no me importa. Mi real preocupación es: ¿por qué me metí yo en un problema que no era mío cuando todos los demás se quedaron callados esperando a que les tocara su turno sin importar que gente como Brujilda se les coleara? 3) ¿Para qué mentir si yo tengo la razón?

Concluyo que en verdad es mi problema. Si yo no hubiera ayudado a la señorita que había esperado su turno, Brujilda hubiera ganado. Pero ¿por qué mentir? Porque quería hacerla sentir mal. No me funcionó porque maté a mi mamá en una sola oración y tampoco la ayudó a ella a comprender que estaba errada. En conclusión perdimos todos.

Pero, ¿por qué hay que quedarse callado ante la injusticia? ¿Por un piche sello para CADIVI? ¿Un miserable kilo de azúcar? ¿Un pasaporte? Yo entiendo a Brujilda. Tomar un ticket en este país es de pendejos porque nos pasamos 24 horas agarrando tickets y haciendo colas solo para que nos devuelvan por un tema de burocracia. Pero asumir que quien levanta la voz para protestar por un acto injusto es un nuevo rico cochino es caer en esa misma corrupción. Solo que esto es una corrupción de valores que es peor.

Quedan personas decentes en Venezuela y me gusta pensar que yo soy una de ellas. Mentiroso pero decente. Me molesta la injusticia pero más me enerva que las Brujildas se salgan con la suya solo porque vinieron a hacer una preguntica sin tener la decencia de admitir que con tan solo tomar un ticket subsanaban su error. Yo hoy comprobé lo necesario que es levantar nuestra voz siempre. Solo que hoy aprendí que no es necesario decir una mentira cuando solo con la verdad es suficiente.-

Actualizado: Mi mamá lee el blog y me escribe por WhatsApp en el acto: “Toto, qué mal lo que te pasó, pero yo solo tengo una pregunta. ¿Por qué me mataste a mí y no a tu papá?”

Sunday, July 20, 2014

Aquí Entre Nos... En Interiores

 
Hay un momento en la vida de todo hombre en el que debe sentarse a dilucidar sobre una decisión importante que marcará su apariencia en el día a día. No es afeitarnos pues eso lo hacemos todos, excepto quizás Ramón Guillermo Aveledo, un hipster con bigote y un viejito barba blanca contratado desde julio para fungir en diciembre como San Nicolás en un centro comercial. No, la única decisión que debe tomar un hombre es si utiliza interiores tipo bóxer o tipo tanga.

Generalmente es una decisión única en la vida. A veces es el más cómodo y ya. Pero por lo general los hombres nos prestamos a experimentos en la medida en que crecemos y nos crecen las joyas de la corona. Con la oferta de bóxers, tangas, bóxers tipo tangas y algo que solo debe utilizar un estríper, hay para todo tipo de gustos. El mundo tiene veinte años sabiendo que ya no es el calzoncillo que te compraba tu mamá. Calvin Klein se encargó en los noventa de que todo hombre estuviera consciente de sus briefs. Así ninguno de nosotros tuviera el cuerpo de Marky Mark.

Cierto, hubo una época en donde nadie utilizaba ropa interior. A menos de que seas escosés, eso no es el caso moderno. El hombre dejó de utilizar camisetas debajo de sus camisas de puños cuando Clark Gable se desabotonó la suya y mostró su pecho en la película Sucedió Una Noche de 1935. Pero el área pélvica la continuamos cubriendo porque el estar rueda libre no es solo prehistórico y antihigiénico, sino que nadie quiere llegar a tener 80 años y ver como sus bolas criollas tienen un happy hour con sus tobillos.

Arbitrar sobre el tipo de ropa interior que nos cubre las partes nobles es una tarea de descubrimiento. Por años yo fui un hombre bóxer. Era la moda entre mis amistades, en franca rebeldía contra la marca Ovejita por considerarla infantil. La adolescencia no pudo ser más incómoda. Tener un pedazo de tela amuñuñado dentro de un pantalón Guess pegado (y nevado porque los noventa fueron crueles) fue una de las peores decisiones que tomé para ser igual que los demás.

Ya entrado en años y descubierta mi personalidad, me percaté de que habría noches en las que no solo yo me iba a ver en paños menores. La introducción al sexo hizo que le prestara más atención a los empaques de los interiores que mezclaran comodidad con algo más digno que un bóxer con dibujitos de Bugs Bunny. Como estaba de moda ser metrosexual me fui con su ícono y compré los patrocinados por David Beckham. El problema es que cuando no se tienen las piernas de futbolista, ciclista o incluso de jugador de ping pong, el efecto es el mismo que el bóxer. Tuve un retorno vintage a los Fruit of the Loom y fui feliz.

Pero hay momentos en la vida adulta donde un flux no pega con un Fruit of the Loom. Si uno se esmera para verse perfecto en cualquier ocasión, lo lógico es que nuestros interiores también sean sobrios. Mi apuesta fue y sigue siendo por los interiores cortos producidos por Giorgio Armani. Fue una decisión farandulera. Alguien que haya vestido a Richard Gere de gigoló y a Daniel Craig de 007 entiende que no se puede ser un Don Juan elegante con tanga tipo hilo ni agente secreto con bóxers de bacterias. Armani los vistió con ropa interior lo suficientemente masculina como para una escena picante pero con una comodidad y ventilación necesaria por si había que correr.

Así debemos sentirnos los hombres allá abajo. Es una prueba de ensayo y error pues nadie entraría al probador de una tienda a sacar unos Versace de neón para ver qué tal. Primero porque eso se hace en casa. Segundo porque nadie se ve bien en neón.

Esto no quiere decir que la decisión sobre el color deba ser descartada. Hasta la II Guerra Mundial todos los interiores eran blancos. El advenimiento de la opción multicolor vino cuando el Gobierno de los Estados Unidos le solicitó a Jockey que creara versiones de otros tintes pues el secado de los calzoncillos blancos podría darle señas al enemigo sobre el posicionamiento militar. Eso lo hace sentir a uno más guerrero por lo cual tener interiores de colores no está mal, siempre que sean cómodos y prácticos. Solo que no neón.

Para mí, un interior debe brindarme comodidad y soporte. Si estoy consciente de que llevo un calzoncillo debajo de un pantalón lo desecho. También estoy pendiente de los huecos en las ligas, las cuales son indicadores importantes. Significan que he debido deshacerme de ese interior hace tres meses. Por eso a la hora de tomar una decisión sobre cual interior llevar los hombres nos tenemos que ir por la practicidad, comodidad y sobriedad, sin que eso signifique dejar de tener uno de Superman escondido en el fondo de la gaveta para un domingo de súper héroes. Solo es cuestión de ligar que no se tenga un accidente ni se conozca a un interés romántico el día en que se use. O ¿quién sabe? Capaz ella también escogió ese día para lucir unas pantys de la Mujer Maravilla. Y ese es un match que hasta Calvin Klein aprobaría.-

Revista Etiqueta
Julio 2014.

Friday, July 18, 2014

Cuéntame Una de Magnicidios

 
Las palabras más importantes de Nicolás Maduro cuando fue investido como Presidente de Venezuela aquel 19 de abril de 2013 no fueron sus loas al Difunto Supremo, ni su promesa de consagrar la absurda idea de socialismo chavista en nuestra tierra. Si algo hemos de recordar de su discurso es lo siguiente: "Ha fallado la seguridad absolutamente, me pudieron haber dado un tiro aquí". Tenía razón. En ese momento Yendrick Sánchez, un maracucho de 28 años, había burlado la seguridad nacional para encaramarse en el podio de la Asamblea Nacional y abrazar al primer mandatario. Hoy está preso.

Es el único momento donde la vida de Nicolás Maduro ha corrido peligro. Que aquel personaje haya sido un buscador de fama, interrumpiendo también un mitin político de Henrique Capríles y primo de aquel que robó la corona de Hannelys Quintero recién escarchada como Miss Mundo Venezuela en el Poliedro de Caracas, no viene al caso. La seguridad de cualquier Presidente, dictador o no, está hecha para resguardarlo en sus funciones. Este incidente hubiera sucedido en los Estados Unidos y Yendrick Sánchez estaría durmiendo sobre una hamaca en Guantánamo.

El problema radica en que desde ese entonces Nicolás Maduro ha buscado otro Yendrick Sánchez cómo sea. Ante el desastroso resultado de una economía asfixiada por una corrupción inigualable, amén de una severa protesta nacional que puso a Venezuela a respirar el humo de bombas lacrimógenas, la tesis del magnicidio le ha valido al impopular presidente su carta para excusarse por la ingobernabilidad. “Me quieren asesinar”, advierte en cuanta cadena nacional se le antoje. Ahora, quién quiere matarlo, es una pregunta incontestable hasta por aquellos que lo siguen de manera ciega.

La manera correcta de denunciar un plan magnicida es investigar, arrestar, denunciar y enjuiciar. En Venezuela estos pasos son innecesarios porque la denuncia, o la advertencia mejor dicho, por si sola es más sexy para mantener la zozobra colectiva. Entre Hugo Chávez y Nicolás Maduro se han realizado más de 70 denuncias sobre planes magnicidas. No son los supuestos 638 planes de asesinato a Fidel Castro en Cuba, todo un récord Guinness. Pero cuando no hay pruebas, o las mismas son tan ridículas que el Gobierno tiene que poner a un alcalde para exponerlas, es más fácil ver a Nicolás Maduro disfrazado del Gallo Pelón en Carnavales que abaleado dentro de una urna con la banda presidencial sobre el pecho.

¿Por qué el empeño madurista con el magnicidio? Porque intentar otro Dakazo cuesta caro, es la manera más fácil de restarle poder a, entre otros, María Corina Machado (cosa ilógica pues ni siquiera es presidenciable) y aparta a la opinión pública de los verdaderos temas que aquejan a la sociedad, principalmente el hampa. El “ciudadanicidio” tuvo relevancia con el lamentable asesinato de Mónica Spear en enero de este año, pero un Gobierno que ha implementado más de veinte planes de seguridad sin éxito alguno, solo puede darse el lujo de hablar de la inseguridad del único hombre que goza de todos los mecanismos efectivos de seguridad posible. 

La cuestión está en que a nadie le interesa ir dos pasos más allá del fanatismo de Yendrick Sánchez. Hasta la fecha, ningún magnicidio en el mundo ha liberado presos políticos, eliminado el control cambiario, activado la producción nacional y reconocido plenamente los derechos ciudadanos para todos. Si un Presidente es tan pendejo que no entiende que ahí está la solución del país, que se “magnicide” él solo. Los demás tenemos trabajo que hacer.- 
 
Revista Clímax, julio 2014
Foto: todocoleccion.net

Thursday, July 17, 2014

Discurso de Graduación: Esta Noche Meterás La Pata

 
Hoy cumplo 17 años de graduado del colegio. Siempre recuerdo la fecha por una cuestión cabalística. Yo nací en el 79 y me gradué en el 97. Un 17 del mes 7. Fui la promoción 7. Tenía 17. En realidad nosotros somos la versión original de la canción “Dime que se siete”.

Hace 17 años di un discurso de graduación donde les dije a mis amigos que fueran lo que ellos quisieran ser, no lo que los demás quisieran que fueran. Algo que en su momento me pareció inteligentísimo y que luego pasé por lo menos 14 años tratando de descubrir quien quería ser yo.

Si pudiera repetir la historia, imagino que daría el mismo discurso. ¿Qué sabe uno de la vida a los 17 años? Ahora, si pudiera volver al pasado sabiendo lo que hoy sé, daría un discurso más franco y más honesto. Si la vida da un miedo terrible ¿por qué no hay un estudiante admitiendo esto?

El siguiente es un discurso imaginario que yo le daría a mi promoción si pudiéramos volver a la edad de la credulidad. A cualquier promoción en realidad… Es un discurso ficticio donde los hechos que me llevan a la reflexión no pasaron. Así que esta es mi oda a cualquier persona que tenga 17 o 18 años y se esté graduando del colegio en estos momentos (mis felicitaciones por cierto):

DISCURSO DE GRADUACIÓN
by Toto, Age: 34 
 
Distinguidas Autoridades, Señora Direct… esta parte la podemos adelantar… Mis queridos compañeros de Colegio:

Estamos reunidos aquí para celebrar nuestra graduación como bachilleres. Tenemos toda la vida por delante de nosotros para convertirnos en los líderes profesionales que hemos sido formados para ser. Pero lo cierto es que no tendremos tiempo para ello. Pues esta misma noche, después de la fiesta de graduación, uno de nosotros meterá la pata.

Quién de nosotros es no importa, pero cuando nos enteremos nos cambiará la vida a todos. Ahí aprenderemos que el uniforme escolar y la tarjeta de crédito del papá ya no sirven como excusa para creernos los reyes del mundo. A partir de ese momento estaremos obligados a encarar con responsabilidad todos los golpes y bendiciones que la vida adulta nos ofrece.

No será fácil la vida. Ese dibujo de la familia en el libro de Educación Cívica donde hay una mamá, un papá, tres hijos y un Golden Retriever, será el molde para muy pocos de nosotros. La persona que va a meter la pata esta noche no se divorciará de quien aún no sabe será su esposa pero en menos de quince años, nueve de nosotros sí estaremos divorciados. Ocho no estaremos casados antes de los treinta, siete no lo haremos ante la Iglesia, cinco habremos sido amantes de alguien, tres seremos gay, dos seremos padres solteros y una… bueno una, no tengo idea dónde estará pero seguro se convierte en monja.

Es ley de vida. Ninguno será particularmente más especial que el otro. Seremos gente normal que sin importar cuántos postgrados tengamos en el currículo o si nuestra oficina tiene un espacio para poner maticas, deberemos aceptar la inevitable conclusión que las estrías son un golpe al ego y que la calvicie se asume pero no se acepta.

Todos esos momentos que nos pasamos frente a un espejo explotándonos una pepa porque así no se podía ir para la fiesta de graduación fueron malgastados. La única vez que estaremos realmente buenos sin el mínimo esfuerzo es ahora en este momento cuando estamos cercanos a cumplir los veinte. A los treinta seremos bellos de gimnasio y a los cuarenta nos contentaremos si podemos meter la barriga lo suficiente como para que la gente no se dé cuenta que al gimnasio no hemos vuelto desde aquel 15 de enero de Dios sabe qué año.

Habrá días en las que las cuentas no dan. Habrá otros en los que deberemos levantar el teléfono para admitirles a nuestros papás que las cuentas de verdad, verdad que ahora sí que no dan. Y habrá días en los que sencillamente debemos asumir que no se puede seguir evitando al carnicero en el supermercado. El día que encaremos al carnicero será oficialmente el día de nuestra independencia.

Viviremos una vida de injusticias. En el tráfico se nos coleará el imbécil éste, en el banco la que solo viene a hacer una preguntica y en el confesionario el que más llore por remordimiento. Nuestra frase más repetida en bajito será “el coño de su madre”, aplicable para políticos abusadores, gente lenta, y esa vez cuando sin darnos cuenta choquemos el dedo gordo del pie contra una cómoda. La otra frase que repetiremos demasiado, será “por eso estamos como estamos”. Ésta será empleada ante nuestra resignación de cambiar las cosas a cómo deben ser. Podríamos hacerlo, pero nos da flojera.

La verdad es que nos pasaremos más tiempo en el tráfico que en la cama. Más momentos hablando de la inseguridad que de la felicidad y más segundos buscando el fulano Festal porque los planes serán almuerzos familiares llenos de coches de bebé y esa broma le da gastritis a cualquiera. Sobre todas las cosas, nos pasaremos bastante tiempo encerrados en el baño, obviando la voz de una personita que inocentemente grita nuestro nombre para tener así sea cinco minutos al día a solas. Un momento de paz dentro del caos donde sencillamente podamos vernos al espejo y pensar en cómo fue que nos convertimos en esta persona cuando hace nada éramos alguien con una camisa rayada que decía: “T.Q.Q.J. ¡Nunca Cambies!”

Y es ahí amigos de la promoción cuando debemos detenernos a pensar qué implica ese “nunca cambies” que nos hemos rayado los unos a los otros en nuestras camisas en este día de graduación. Cuando ya sabemos que en nueve meses uno de nosotros será padre; que el ideal de la familia soñada no se garantiza; que las cuentas no dan; que la belleza es un mito; el carnicero juzga; y que el resto de la gente es lenta.  ¿Vale la pena seguir siendo algo de lo que somos hoy en día cuando nada de lo que aprendimos nos servirá para encarar el futuro?

Mi respuesta es sí. Porque ese “nunca cambies” implica que hay un amigo que sin tener idea de quiénes seremos en la vida, si nos ganaremos la lotería o si le pediremos real para la propina, nos quiere tal cual como somos. Para un verdadero amigo del colegio, uno siempre será aquella persona que no es de mañana y que hay que saludarla como a golpe de diez para agarrarla contenta. Ese amigo sabe que uno se tarda un mundo pidiendo en un restaurante y un segundo cambiando de novia. Un verdadero amigo del colegio ya sabe que uno es una persona con defectos y problemitas de fábrica y que en algún momento tendrá que sentarse en terapia. 

Al salir del colegio cada uno de nosotros conocerá a un gentío en esta vida. Personas de momento anónimas, que suplantarán lo que hemos sido el uno para el otro en todos estos años de retención escolar y de almuerzos de cantina. Pero mientras ellas verán una versión mejorada de lo que a cada uno de nosotros nos costará una vida esconder, los verdaderos amigos del colegio siempre seremos aquellos que no les importa cómo uno realmente es.

Ya todo eso lo sabemos de nuestros amigos del colegio. Y a pesar de lo mala que será la vida, cuando uno se encuentre con un amigo del colegio que verdaderamente quiere, la vida será perfecta. No importa que tan ajetreada, difícil, engorrosa, “no tengo tiempo ni para que me hagas un cariño en la espalda” sea la vida. Cuando uno se tope con un amigo de colegio, será como si el tiempo no hubiera pasado. Como si la vida hubiera sido siempre de peos líquidos, de casetes mezclados y de fotos en la playa.

Olvidémonos entonces de preocuparnos por los liderazgos, los trabajos, las promociones y los sueldos a los que aspiramos. Concentrémonos desde ya en saber plenamente que no hay mejor código de vestimenta en esta vida que el ser uno mismo. Todo lo demás, la fama, el éxito, la cintura de noventa centímetros y el deportivo rojo en el segundo divorcio es material POP. Saber quienes somos de verdad es lo que realmente importa.

Por eso mis felicitaciones a la persona que va a meter la pata esta noche. No tienes manera de saberlo pero te doy las gracias por abrirnos la puerta tan pronto a este gran juego llamado Esta Es Tu Vida. Difícil, engorrosa, conflictiva y tragicómica. Pero si se vive junto a grandes amigos como lo somos los que estamos aquí, entonces un aplauso a la vida y lo grande que puede llegar a ser.-

Wednesday, July 16, 2014

Jucleanse Do It Toto! (24 horas comiendo como si Gwyneth fuera mi BFF)



Esto es lo que pasa cuando tienes una boca tan grande como la mía. La semana pasada fui a un evento donde conocí a las creadoras de Jucleanse. Ellas forman una empresa que  ofrece un proceso de desintoxicación donde eliminas toxinas de tu cuerpo a base de jugos. En su stand me dieron a probar un poco de sus jugos hechos con frutas y vegetales. Con gusto levanté mi vasito, brindé por la salud de todos los terrícolas y me lo tomé.

Cuando alguien te dice que un jugo está hecho de lechuga, limón, espinaca y pepino, lo primero que piensas es “ewww”. Pero mi mamá me enseñó que no se le dice asco a la comida por lo cual en vez de decir “ewww”, les dije: “¿Oigan, no sería cómico si yo, que soy un desastre alimenticio, hiciera este programa por un día y después echara el cuento en mi blog?”

Al día siguiente estaban los jugos en mi casa.
 
Me dio un miedo tremendo ver los jugos porque en verdad yo soy un desastre. He sido flaco toda mi vida y, con la excepción de mi barriga, que no es barriga sino una inversión culinaria, probablemente moriré flaco. No tengo idea qué implica hacer una dieta, me burlo de la gente que usa la palabra “gluten” y la única vez que supe de vitaminas fue cuando comía las moradas de Pedro Picapiedra. Esta fue mi cara cuando llegaron:
 

Como “bien” en el sentido que me alimento con mis tres comidas, pero como lo que me provoque. Cuando salgo no pico y creo que es porque hablo demasiado y se me olvida comer. No escondo ni cuanto fumo, ni cuanto tomo, ni cuantos pedazos de pizza me podría comer si tú no estuvieras viéndome. Yo soy un desastre honesto. Si tengo que correr, corro pero jamás he dicho la frase “esta mañana fui a correr”.

Naturalmente yo soy el candidato imperfectamente perfecto para Jucleanse.
 
Jucleanse te ofrece seis jugos los cuales debes tomar cada dos horas. No debes comer más nada excepto una taza de agua tibia con limón en la mañana, un puñado de merey, media manzana y agua como si fueras a drenar la represa del Guri. Al enterarme de esto, la noche antes de comenzar el proceso me fui a comer unos BBQ ribs. ¡No hagan esto! Yo lo hice porque juraba que me iba a morir de hambre. Tuve hambre pero no me morí (sino, ¿quién está escribiendo esto?)

Estas son mis notas brutalmente honestas de los seis jugos de Jucleanse durante mi día “Toto Jucleanse Do It!” (24 horas comiendo como si Gwyneth Paltrow me fuera a felicitar):

 
 
MOMENTO 1: Donde me doy cuenta de que no tengo a Gwyneth Paltrow en mi celular
JUGO 1: EL GIGANTE VERDE (lechuga romana, limón, celery, espinaca, pepino, piña)
 
Comencé el detox a las 9:00 de la mañana. Me había despertado a las seis pero saqué la cuenta que si debía tomarme los jugos cada dos horas, quería que el último fuera en la noche. Así que me distraje en Instagram e insulté a uno que se desayunó un croissant de Nutella porque eso era una falta de respeto hacia mis metas. Ya en la cocina, dije que no me iba a tomar el agua caliente con limón que te recomendaban, hasta que me di cuenta de que no había comenzado el detox y ya había saboteado el proceso.

Luego del agua, saqué mi primer jugo de la nevera. Ahí me vino la primera duda: ¿Uno pone la mesa tipo con mantelito? ¿Hace una celebración por el cuerpo? ¿Se lo toma pico de botella? ¿Saca un vaso decente? ¿Qué haría Gwyneth Paltrow en este momento?

Como no tengo a Gwyneth en mi celular, lo vertí en un vaso de vidrio. Tomarte algo verde en la mañana no es idea de desayuno de nadie, a menos de que seas Hulk (o alguien de COPEI). El primer sorbo no es tan malo, de hecho sabe bien. Lo que pasa es que el segundo me deprimió porque me di cuenta que así iba a ser mi día completo.

Se lo di a Josefa para que lo probara. “Deje la malacrianza”, me dijo, “que yo eso me lo tomo en tres patadas”. Me lo tomé sorbo por sorbo. Sabía bien, aunque no me lo pude tomar fondo blanco. Y eso que yo hago fondo blanco.

Luego del desayuno más corto de mi vida me acosté otra vez en mi cama, hasta que me acordé que hoy era miércoles y yo tenía que trabajar. Un poco de nauseas mientras me vestía pero estoy plenamente convencido de que ese era mi cuerpo diciendo: “¿Y tú ahora eres te las tiras de Richard Linares, pedazo de flaco? ¡Aliméntame!”
 
MOMENTO 2: Donde alguien me recuerda sobre los niños en Bangladesh para que deje de quejarme
JUGO 2: ZANA SANA (menta, piña, zanahoria)
 
Diez minutos antes del jugo de la merienda de la mañana me entró un hambre atroz. Ahí es cuando comencé a ver el reloj como si fuera el Director Técnico de un partido de fútbol al minuto 89. Jucleanse te dice que si quieres comerte algo sólido, puedes comerte una media manzana. Pero esto es como Survivor. No voy a ser yo el amateur que se comió la media manzana en la mañana cuando me faltan horas más del Festival del Jugo. Cuando por fin el reloj marcó las 11 de la mañana abrí la nevera.

La sensación fue como ese gol de Argentina que anularon en la Final. Al abrir la nevera dije: “Gooooooooooawwww”. El jugo era de zanahoria. Yo detesto la zanahoria en todas sus formas, con la excepción de la torta porque tiene el mejor frosting del mundo (Gracias Franca Coffee Cakes). En ese mismo momento me llamó mi amigo más fit a ver si ya me había rendido. Eso me dio rabia. Así que agarré el jugo, lo abrí y me lo tomé de un solo golpe. Sabía divino y huele bastante rico. No voy a ser fan de la zanahoria mañana pero este jugo vuelve a la vida me gustó bastante.

El problema vino después de este jugo. ¡La hora del almuerzo! Mi recomendación es que si van a hacer esto, retírense a un claustro y no hablen con nadie. Tómense un día personal. Porque el meollo está en que mientras tú estás haciendo el cleanse, el resto de la Humanidad está comiendo pabellón. A mí me entró una depresión heavy entre 12 y 1 p.m. por varias razones: se me activó todo el sentido del olfato y podía oler hasta lo que cocinaba el restaurante de la esquina.

Ahí me quise rendir, en verdad no quería comer jugo de almuerzo. Llamé a Alejandro mi hermano a contarle y me dijo: “Toto, hay niños en Bangladesh que solo comerán lo que tú te tomaste en el primer jugo. ¡Piensa en los niños de Bangladesh!” Le tranqué el teléfono. No quiero pensar en los niños de Bangladesh. Sobre todo porque no sé donde queda Bangladesh. En la cocina había un chocolate Toblerone. Jamás en la vida, con la excepción  de Willy Wonka, alguien se había buceado tanto a un chocolate.
 
MOMENTO 3: Donde escojo entre ser como las anoréxicas que no se dejan ayudar o decides ser Popeye
JUGO 3: POPEYE (pepino, lechuga romana, espinaca, parchita)
 
Este es el peor momento del día. Estoy desmayado del hambre, de la ansiedad, quiero fumar, portarme mal, comerme el bendito Toblerone o arrestar a quién carrizos lo dejó ahí. Y es ahí cuando de la cocina huele a pollo. Pollo en brasa de El Coyuco, pollo que enviaron para el almuerzo de una reunión que hay aquí hoy, pollo, pollo, suculento pollo…

No sé cómo pero en menos de un minuto yo estoy con un trocito de pollo metido en la boca. No lo mastico, ni nada, solo lo saboreo. Y es ahí cuando me doy cuenta de que estoy haciendo lo mismo que una anoréxica que se rindió. Escupo el pollo en una servilleta y saco mi jugo Popeye. “¡Vamos que tú puedes!”, me digo. Pero este jugo no sé si sabe bien o no. No me interesa, solo quiero salir de la cocina y olvidarme de este episodio vergonzoso. El low point de todo mi día es éste.

Decido salir de mi casa e ir a una charla sobre Jung para distraerme y pensar en otra cosa que no sea comida. La charla es buena, hasta que recuerdo que he dejado mi jugo de la merienda en casa. Como ya tuve mi momento similar a la loca que comía pollo escondido en “Girl, Interrupted”, no quiero que eso me vuelva a pasar así que me devuelvo a mi casa en busca de mi próximo jugo.
 
MOMENTO 4: Donde decido que esto del Jucleanse es LA GLORIA (y no Trevi)
JUGO 4: PRIMAVERA (cambur, naranja, fresa y limón)
 
Mi jugo de la merienda a las tres de la tarde me recuerda del porqué estoy haciendo esto. Es el jugo más rico del mundo, a tal punto que estoy que llamo al frutero de mi cuadra para que venga a descifrar las cantidades exactas. Este sí es el jugo siete potencias que me hace feliz. Me siento muchísimo más activo que en la mañana. Por alguna razón se me despiertan los sabores y descubro que el agua de mi casa sabe peor que la de Hinckley, el pueblo de Erin Brockovich por lo que de ahora en adelante voy a usar una jarra filtrada. Después de este jugo me lanzo a trabajar de lleno, sin sentir nada de hambre ni ansiedad. Estoy tan enérgico que me provoca correr hasta que me acuerdo que soy yo.
 
MOMENTO 5: Donde me lo tomo porque la hora dice que me lo tengo que tomar pero hubiera podido esperar un poco más
JUGO 5: OASIS (piña, remolacha, zanahoria)
 
Este jugo me agarra a las cinco de la tarde escribiendo. En verdad me lo tomo porque las indicaciones dicen que me lo tengo que tomar. Pero ya no siento síntomas de ansiedad ni hambre por lo cual bajo obligado a tomármelo. Es de remolacha, la cual no es mi favorita, pero la zanahoria (uno es tan bipolar que ahora habla bien de la zanahoria) le da un buen toque y la verdad no me disgusta. Me lo tomo y salgo para una exposición de fotos en Chacao Bistro.

En Chacao Bistro la paso bien hasta que comienzan a salir pasapalos. Ahí me pongo a pensar en la pobre gente que tiene que hacer dieta. Hay empanaditas, tequeños con miel, hay reinas pepeadas. Esto es el Paraíso. Cada vez que pasa el mesonero, yo me quiero casar con el plato. No pruebo nada, pero le pido a alguien que no sabe de mi reto que me de un cigarro de la rabia. Un big no, no en Jucleanse. En el acto aparece Ana María mi socia quien desde el Mercado de Chacao me ve y me regaña para que suelte el cigarro. Prueba de que para completar el reto Jucleanse siempre, siempre debes tener un espía presente.
 
MOMENTO 6: ¡Donde me despido del Jucleanse y me congratulo porque lo hice!
JUGO 6: DULCES SUEÑOS  (almendras, canela, miel)
 
Este jugo es como una pijama. La cosa más rica del mundo con unos sabores que lo que provocan es ponerte una cobija encima y quedarte viendo Harry Potter toda la noche. En secreto me imagino que esto es lo que le da Gwyneth Paltrow a sus hijos para que se sientan mejor. Al terminar de tomármelo veo las seis botellas vacías y pienso que esto es difícil pero vale la pena completamente. Te hace dar cuenta de lo que comes, los horarios en los que comes, lo que te provoca y lo que puedes dejar de comer. Te balancea y te pone en contacto con tus emociones a tal punto que un psiquiatra debería recomendarle a la gente hacer un cleansing para que vean por cuantas personalidades pasan.

Yo no sé como hay gente que hace el reto de los tres días pero los felicito. Mis sueños por una carne son enormes, pero me contenta de haber hecho esto. Mañana cuando me despierte creo que veré la comida con otros ojos. O de repente me comeré el croissant ese de Nutella que vi en Instagram y que me dejó picado.

Lo cierto es que cuerpo solo hay uno y un consentimiento así es perfecto. Mi única recomendación final es que si van a hacer el reto Jucleanse, que se tomen un día tranquilo sin mucho ajetreo. Eso es importante, porque más que un chat de amigos que te dan apoyo, el que más apoyo tiene que darte eres tú mismo.

Para mí esto fue como salir en una cita de 24 horas conmigo mismo a caerme a jugos, para luego acostarme en la noche y pensar que a pesar de las ansiedades, los malos humores y los ocasionales ataques de hambre, la verdad es que fueron mejores los momentos donde pensé: “jucleanse do it Toto!” Y lo hice.

A Gwyneth Paltrow: Llámame cuando quieras.-
 
Para más información: http://www.jucleanse.com/ Las dueñas son lo máximo y responden todas las dudas como si fueran tu profesora de Salud en el colegio así que cero pena.-

Tuesday, July 15, 2014

No Gracias. Yo Traje Mi Propio Ozono

 
 
Cualquier persona que haya llegado al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en Maiquetía para salir de viaje siempre hará dos cosas. La primera es espantar a los mata moscas que comienzan a gritarte casi que desde el Boquerón I: “¿Le forro la maleta?” La segunda es tomarse un shoefie en el piso de Cruz Diez para echárselas en Instagram que uno es viajado.

A partir de julio de 2014 debemos hacer una cosa adicional, pagar un impuesto por respirar ozono. Sí, eso es correcto. Este es un aeropuerto donde un Guardia Nacional te revisa de mala gana la maleta en frente de todo el mundo porque tú eres un terrorista narcotraficante con pasaporte venezolano pero el que es de Cuba tiene una puerta directa y nadie sabe explicar por qué. Donde te tienes que quitar correa, cartera, zapato y cualquier artefacto que haga chillar una máquina y colocarlas en una bandejita patrocinada por Coca Cola. Porque así funciona el socialismo. Si el capitalismo quiere pagar unas bandejitas majunches, pues el socialismo no se queja. 

Maiquetía es un aeropuerto donde caen desechos humanos del techo, donde hay días en los que no hay agua o aire acondicionado o nada. A veces se va la luz y eso no es culpa sino de una gaviota que se paró sobre un poste eléctrico. De repente hay hamburguesas pero de repente hay refresco, las dos juntas no las hay. En el Duty Free están Carolina Herrera, Fendi y Arcadio Díaz, hay incluso una sala Samsung, pero en una farmacia no hay desodorante porque ¿dónde crees que vives tú?

Este es un aeropuerto donde tienes que rezar para que haya personal en inmigración. Y si no hay ¿quién te manda a llegar justo cuando aterrizaron los tres vuelos de Europa? Donde si vas a salir tienes que volver a pasar por seguridad porque en serio si no eres cubano no confiamos en ti. Y cuando ya te revisamos te decimos que el vuelo se retrasó y no me vayas a preguntar que cuando viene porque esa no es mi función.

Maiquetía es un aeropuerto donde te dan la comodidad de montar tus maletas sobre un carrito al buscarlas en el carrusel pero a los dos segundos las tienes que volver a bajar para pasarlas por los rayos X del SENIAT. No, no puedes volver a agarrar el carrito porque después ¿quién lo busca en el estacionamiento? ¡No seas vivo tú! Ábreme la malet...  ah, ¿qué él es cubano? Pase, pase adelante.
 
Este es un aeropuerto donde dos tipos te fichan a la salida por llevar un reloj de 22,000 euros y te persiguen hacia el Eurobuilding en Caracas para caerte a tiros y asesinarte porque qué bolas tienes tú de ser rico y tener el reloj que te da la gana. Donde el que más sabe es el tipo que limpia el baño y el que menos sabe es el que más pinta de capitán tiene. Donde Patricia Janiot sale del país con los tacones serruchados pero la secretaria de Silvio Berlusconi sale con una maleta llena de cocaína.

Sí, comprendo perfectamente que pagar una unidad tributaria de 127 Bolívares para respirar ozono (cancelada en débito porque el primer día que implementaron la medida se robaron la caja registradora) sea la medida más idónea para hacer del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en Maiquetía el lugar ideal para comenzar un viaje nacional o internacional. Una medida a todas luces perfecta, donde no se anunció la licitación, ni quien es el real beneficiario de los 127 Bolívares (porque no nos jodan que es el Estado Vargas) que cada día tienen que pagar los 30 mil pasajeros que utilizan el aeropuerto.

Yo solo espero que alguien tenga la audacia de llegar un día a Maiquetía vestido de buzo a decir que él no va a pagar el servicio porque fue precavido y se trajo su propio ozono. Es lo único que falta en ese circo llamado Aeropuerto Internacional Simón Bolívar donde a nadie lo tratan como viajero, sino como payaso.-

Tuesday, July 8, 2014

El Chevrolet de Alfredo Di Stéfano

Me molesta cuando la gente se tiene que morir para que te enteres de un cuento. No hablo de la existencia de una familia paralela, ahí sí es mejor que el condenado o la condenada estén seis metros bajo tierra. Me refiero a los cuentos cómicos de familia que surgen de la nada, como un comentario casual, cuando siempre han debido ser parte del repertorio familiar para ser utilizado luego en la conversación que comienza con: “bueno tú sabes que yo tengo un cuento sobre….”

Esta semana falleció Alfredo Di Stéfano, considerado uno de los cuatro mejores jugadores de fútbol de la historia, luego de pasar tres días en un hospital como consecuencia de un paro respiratorio al salir de un restaurante. Tenía 88 años.

Una leyenda del Real Madrid, su nombre en Venezuela está ligado con el famoso secuestro en 1963 que lo llevó a pasar 72 horas en cautiverio cuando fue plagiado por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional al salir del Hotel Potomac en la urbanización San Bernardino. Sin embargo, su fama en nuestro país data diez años antes cuando, la “Saeta Rubia” llegó a Venezuela a disputar la Pequeña Copa del Mundo de Clubes junto a la plantilla del Millonarios de Bogotá.

Organizada por un grupo de empresarios venezolanos, la Pequeña Copa del Mundo de Clubes, fue uno de los más importantes torneos de fútbol de los años cincuenta. Con seis ediciones consecutivas (1952-1957) y una en 1963, para acá vinieron los mejores clubes de fútbol de Sudamérica y Europa, entre ellos, el Real Madrid, el F.C. Barcelona, River Plate, Rapid de Viena, Millonarios de Bogotá, el Corinthians, y el Sao Paulo.

En 1953, Alfredo Di Stéfano, envuelto en plena disputa por su fichaje, juega en Caracas con el Millonarios de Bogotá por última vez y gana la Pequeña Copa del Mundo. Y aquí entra, inexplicablemente, mi abuelo Branger en la esta historia. Tras ganar la Copa en una final entre Millonarios y Rapid Viena que quedó 4-0 con un gol de Di Stéfano en el minuto 6 y otro en el ‘35, la fiesta de celebración fue en el bar de casa de mi abuelo, el mismo que hoy en día he heredado (porque mi familia está clara que real no hay, pero bar sí).

“Eso casi le cuesta el divorcio con tu abuela”, me comenta una tía. Al inquirir el porqué, mi tía continúa: “Verás, entre las 1087 razones que tu abuela encontró en vida para divorciarse de tu abuelo Branger, una de ellas fue esa noche de farra con Di Stéfano. Desaforado por el triunfo del Millonarios y por tener al máximo goleador de la Copa en casa, a tu abuelo no se le ocurrió mejor cosa que regalarle un Chevrolet… ¡el de tu abuela!”

Thursday, July 3, 2014

El Misterioso Mundo del Chat de las Mamás de Colegio

 
Anoche fui a una cena. Como todas las cenas, uno no sabe si es más educado poner el celular del lado del tenedor o del cuchillo por lo cual nadie se juzga. A fin de cuentas, el celular siempre es el indicativo de que no somos cinco alrededor de una mesa, en realidad somos cinco humanos y diecisiete invitados virtuales.

El tema de hablar por celular en la mesa ya es una costumbre la cual no me molesta a menos de que seamos dos y yo te esté echando un cuento. Ahí sí es como mejor agarrar mi teléfono y comenzar a chatearte a ver si me prestas atención. Este no era el caso de esta cena, aquí la conversación fluía y y los cinco estábamos lo suficientemente entretenidos como para no tener que mirar a la pantalla. Sin embargo, el celular de mi amiga Mela no dejaba de sonar. Con insistencia eso era “¡Pin! ¡Pin! ¡Pin!” cada tres segundos. Molesto por el incesante ruidito, interrumpí la conversación y le dije:

-A mí me parece de muy poca discreción que tú tengas un chat abierto a esta hora con un amante en presencia de tu marido.

-No vale, ¿qué amante? –me contestó -. Uy no, qué flojera tener un amante, el único novio que yo tengo aparte de Carlos es YouTube. No, no, esto es un chat ladíllisma de las mamás del colegio.

-¿Y qué pasó? ¿Se perdió un niñito? –preguntó otro comensal.

-Olvídense –contestó Carlos, el esposo de Mela -. Esto es todas las noches y todavía están en calentamiento. No hemos llegado al punto donde el pin es un compuesto de cien pines a la vez.

De esta manera fui introducido al misterioso mundo del chat de las mamás de colegio. Yo ignoraba que tal grupo de chat existía pero aparentemente es el estándar para toda madre que cuente con un celular y un hijo en edad de decirle: "A ver Santiago, sopla aquí. ¡Sopla! ¡Sopla! Muy bien!" Por lo que aprendí, el chat de una mamá de colegio es como perderse en una jungla peligosa. “Mientras más hijos tengas, más números de chats tienes, lo cual es una desgracia para todas y me imagino una tragedia para las que son opusas”, me explicó Mela.

La insistencia de este chat, el cual no me dejó reproducir en fotos por temor a represalias pero sí copiar, comenzó porque una mamá del colegio preguntó lo siguiente:

Mamá 1: Hola

Mamá 2: Hola

Mamá 3: ¡Hola!

Mamá 26: Helloooooooo

Mamá 1: Quería saber si alguna de ustedes tiene a su hijo malito del estómago.

Mamá 6: Amigaaaa por quéee que pasó???

Mamá 2: No, Matías está bien
 
Mamá 21: Sí, mi Sabri también. Ya lista con la exposición de los guaraos hecha para mañana. #proudmom!

Mamá 1: Es que Miguel anda como con el pupusito flojo.
 
Mamá 3: Noooooooooooooo (muchas caritas)
 
Mamá 19: Fren, qué le pasóoooo?
 
Mamá 1: Sí, horrible y yo no sé que le pasa pero de repente fue algo en el colegio...
 
Mamá 5: Amiga, ahora que lo mencionas... Vero no se siente nada bien.
 
Mamá 6: Ay noooo los pobres. ¿Será el agua en el colegio? :(((
 
Mamá 1: Sí es que el pupusito es como color verdoso y me angustié.
 
Mamá 5: Sí Vero lo tiene igual. Qué vaina.... Ya llamé a Raga pero me dice que es normal.
 
Mamá 13: ¿Alguien vio el partido esta mañana?
 
Mamá 2: Betsa qué insensata, estamos hablando de Miguelito y Vero que no se sienten bien.
 
Mamá 13: Ups, perdón.
 
Mamá 7: Hoy no jugaron mi Betsa
 
Mamá 1: Pero es que no sé si mandarlo al colegio mañana, es que miren...
 
[FOTO DEL PUTO PUPUSITO DE MIGUEL]
 
Mamá 13: Ascooooooooooooo
 
Mamá 2: Ay nooo, pobrecito!!!!
 
Mamá 5: Si así lo tiene mi Vero. Que vaina, ¿quién le habrá pegado esto…
 
Mamá 1: Yo como que no lo voy a mandar mañana al colegio.
 
Mamá 16: Sí amiga, es mejor. Después ese virus se esparce y ay no quiero ni pensarlo... Saben que hoy estaba leyendo sobre el Chikungunya y miren dejame mandarles este link....
 
La conversación continuó, pero Mela decidió apagar el celular. Obviamente la cena de todos también terminó después de estar expuesto a los residuos intestinales de un pobre niño que espero crezca con bastante personalidad. Aparentemente los chats de las mamás son un foro de dudas cuando el médico, el marido y el sentido común te bloquean en WhatsApp.

-Y en las protestas fue peor –me dice Mela-. Ahí eran 87 mensajes de “No” y “Sí” cuando una sola preguntaba: “¿Alguien va a mandar a su hijo al colegio mañana?

Hoy almuerzo con mis amigos de la universidad y le pregunto a las mujeres si tienen chats de mamás. Todas ruedan los ojos como si les hubiera dado en la madre. “Yo tengo el chat oficial”, me dice una, “luego el chat paralelo donde nos burlamos de las demás mamás, luego otro chat más privado con tres amigas y encima el chat de la maestra”.

-Ah, es que la maestra se comunica también por chat?  -le pregunto a una. Ella me muestra su celular. El chat se llama “Vaca y Terné”.

-¿Qué significa eso?, -le pregunto.

Aparentemente el colegio va a hacer un acto de grado con las canciones de Simón Díaz. A la hija de mi amiga le ha tocado ser la Vaca Mariposa y a otro el Ternerito.

-O sea, ¿tú me estás diciendo que la maestra tiene un chat abierto con cada personaje de la fauna en el folklore venezolano? -pregunto incrédulo.

-Y eso que no es Navidad, Toto. En Navidad está el amigo secreto, el acto de Santa, la repartición de regalos, y el chat para ver quien trae los brownies.

-¿Y no hay reglas? Porque eso de que haya 27 mamás diciendo “Ok” es como para lanzar el celular por la ventana y educar a tus hijos en casa.

-Sí, sí hay reglas, -me responde otra amiga. –Al principio del año se manda una serie de reglas para todas donde no se puede hablar de otra cosa que no sea el colegio, los mensajes deben ser exclusivos para todas, etc.

-Claro -interrumpe mi amiga de la hija-vaca Mariposa-, cada cierto tiempo sale una como la del cuento del pupusito que esa se ve que no está en un chat con reglas porque en el mío le hubieran lanzado el código de reglas completo.

-¿Y cómo hacen con los piojos?

-Ah no bueno, eso ya es todo el año. Lo peor es que hay mamás que se lanzan puntadas tipo: “se le recuerda a todas que las niñas deben llevar el pelo amarrado”. Eso claramente es para la niñita con el pelo rulo que llega julio y parece un afro.

Ya en casa, me pongo a pensar en lo siguiente: yo me quejo porque tengo tres chats. El de mis amigos de la universidad, mis amigos del bar y mi grupo de alerta sobre el posible divorcio de Kim Kardashian para así lanzar el tweet cómico que ya todos tenemos preparados desde que la Kim se comprometió con Kanye West. Con el grupo de la universidad me paso días borrando fotos de los hijos de mis amigos porque a veces siento que mi celular es un Kindergarten. Pero ver a mis amigas madres en esto de los chats colegiales hace de mi un amateur. Ellas tienen que llevar el chat al psicólogo. O peor, rezar que las vacaciones lleguen pronto para hacer lo que imagino debe ser la mejor sensación del mundo después del sexo: “Mamá 1 ha dejado el chat ‘5to Grado B’”.-

Wednesday, July 2, 2014

¿Importa la Edad en estos Tiempos Modernos?


Mi papá siempre cuenta sobre unas tías solteras de él que eran bellísimas. Tan bellas que al cumplir sesenta años y se descubrieron unas arrugas se suicidaron. A mí me parece un caso de cachaperismo incestuoso escondido más que un tema de vanidad, pero mi papá dice que yo no debo hablar de esas cosas (como no me dijo “escribir” pues lo uso como apertura a esta entrada).

Digo esto porque yo rara vez pienso en las edades. Cierto, hubo una época en la que me moría por tener dieciocho y otra por tener treinta. Los treinta me han gustado más pues siento que yo toda la vida he debido tener esa edad. Por años fui un adulto atrapado en una edad que no iba acorde con mi personalidad. Cuando tenga cincuenta me imagino que cambiaré de parecer y diré que tener cincuenta es lo más sexy del mundo. O me suicidaré y comprobaré que lo de las tías no era un acto de vanidad, sino que es una tara familiar. Sí es así, por favor vayan a mi misa.

Como toda década, es shocking darse cuenta del camino recorrido. Llamé a mi mamá a Paris el día que cumplió sesenta años. “¡Soy una mujer de sesenta! En treinta me muero”, me gritaba por teléfono. Yo le respondí: “Eres una mujer de sesenta con un marido que parece tu novio comiendo quesos en la Rue de la Paix. Deja el fatalismo que las tías suicidas no son familia directa  tuya”. Eso le gustó. Ella es de las que admite su edad y siempre la completa con la frase: “la misma edad que tuviera Chávez”. Eso le da más punch a su causa porque significa que ella ganó. Pero cuando se cumple una década siempre está un momento de reflexión para pensar si tienes todo lo que has querido o si te falta algo por hacer.

A mí me gusta la gente que admite que esconde su edad. Yo soy diez días mayor que Roche Bonche mi amiga y por alguna razón siempre tengo 34 y ella 28. Me encantan las abuelas que no dejan que sus nietos vean su cédula para no admitir su edad. También me fascina la gente atemporal que no tiene edad y quiero llegar a ser la gente que no importa su edad, siempre tienen el mejor cuento sobre algo que le pasó a una edad particular.

Ahora, no todo el mundo es como yo. Hay gente que le aterra admitir su edad porque sienten que con eso el muro de fortaleza que se han creado, ya sea con su trabajo, su talento o su persona, se derrumba con tan solo la admisión de su fecha de nacimiento. Por eso para mí me resulta curioso cuando tocamos el tema de las edades entre amigos, porque como yo no pregunto edades, siempre que me entero no puedo esconder mi asombro y dejar de preguntar: “¿En serio tú tienes cuarenta y nueve?”

Me pasó en una tertulia de Buchanan’s que organicé en mi casa, donde el tema de la edad surgió por un faux pas mío. Como el objetivo de cada reunión es darle el brindis más especial de todos a cada uno de mis invitados, reuní a un grupo al que admiro porque tienen buena conversación. Eso es un arte que hay que agradecer. Hay personas que sin importar su oficio -aquí habían cineastas, locutores, periodistas, caricaturistas, fotógrafos, diseñadores y arquitectos- son interesantes para conversar sobre lo que sea.

Mientras alzaba mi copa brindándole una palabras a cada uno de ellos, les recordaba un cuento que habíamos tenido juntos donde la conversación había sido particularmente digna de un libro. Uno a uno fui hasta que llegué a Concha Acústica (sobrenombre seleccionado porque sus cuentos deberían ser contadas en la Concha Acústica de Bello Monte para darle eco). Ella es una de mis personas favoritas en el mundo porque es feliz tanto en la Tasca de Juancho como en misa. Al terminar de brindar por ella le dije: “y sobre todas las cosas, brindo por la Concha Acústica porque hoy cumple cuarenta años y es increíble como ha vivido cuarenta décadas que ameritan una biografía completa”.

Yo no sé si alguien se acuerda de esto: Cuando Tom Hanks ganó un Oscar como Mejor Actor por Philadelphia, agradeció a un profesor en su ciudad natal por ser la inspiración detrás del personaje gay que interpretaba. Nadie en esa ciudad sabía que el profesor era gay y sin saberlo, Tom Hanks lo sacó del closet. Luego se haría una película llamada In & Out con Kevin Kline sobre este episodio. A juzgar por la cara de mi homenajeada, el caso de Tom Hanks con su profesor fue peanuts al lado de esta revelación de edad.

Concha no se molestó conmigo, tiene demasiada personalidad para eso, pero como me contó luego del brindis: “Es que fue impactante porque era la primera vez que oía mi edad en público”: Yo le respondí: “Bueno si había un momento para decirlo era aquí entre amigos, y ya por lo menos salimos de eso”. Eso suscitó una conversa en el grupo donde cada quien reveló su edad y ahí me di cuenta de que uno de los más chamos en todo este grupo de amigos, con quien he estado por años y me encantan, era yo. Y por chamo lo que quiero decir es que era uno de los dos que tenía menos de 35 años.

Eso jamás lo había pensado porque, como dije, para mí todo el mundo tiene mi edad y yo no soy de los que voy a dejar de salir con una persona porque no nació en la misma década que yo. Pero no puedo evitar de pensar: ¿a medida que se cumplen más años, molesta la admisión de la edad? ¿Es la edad el chiste más grande que nos jugó Dios a los modernos?

Mi abuelo Branger siempre fue la persona más joven que yo he conocido en mi vida. Su manera de llevar una conversación con cualquiera, fuera sobre vino, los Borbones o un reproductor de música, era increíble. Salvo la vez en la que llegó un odontólogo narciso a su casa con una correa con las iniciales de Dolce & Gabbana y él no se contuvo y le preguntó si las iniciales DG significaban “Dentista Graduado”, jamás lo vi opinar sobre lo anticuado que él se consideraba, ni lamentarse por cumplir años que lo alejaban del club y lo confinaban a su escritorio.

 “Lo que lamento es no poder tomar cómo quisiera”, solía decir, “pero por la edad solo se debe preocupar el whisky”. Mi abuelo siempre se consideró moderno, un hombre de su edad y de esta época durante todas las épocas (de hecho opinó una vez que el problema de las tías suicidas era que jamás lo habían llamado a él para hacerles el favorcito en la cama).

Creo que esa va a ser mi actitud durante toda mi vida. Hay edades estándares para casarse, mudarse, hacer un postgrado y tener un Golden Retriever, pero ¿quién tiene edad para ser estándar? Yo no sé si seré el cuarentón soltero que se lanza en parapente y tiene un rancho en Caruao donde pinta mujeres tatuadas, el cincuentón maratonista con dos hijos perfectos y un periquito, o el sesentón calvo que escribe porque no tiene más nada que hacer. Lo que sí sé es que por la edad no me preocupo. Todo a su ritmo, todo a su tiempo, solo arrepintiéndome por las conversaciones que aún no he tenido con la gente con la cual vale la pena conversar.

Sí, es un coñazo volverse viejo, y no todo el mundo tiene que estar tan cómodo con su edad. Pero lamentarse por una arruga al extremo del suicidio, o porque llegar a los cuarenta es la confirmación de que no has hecho nada cuando en realidad has hecho de todo no vale la pena. A fin de cuentas, la edad es solo un número en la cédula de identidad. Las experiencias, ya son otra cosa que en nada tiene que ver con cuántos años tengas tú. Y esas sí que valen la pena saber cuáles son.-

Tuesday, July 1, 2014

Cuando el +1 termina siendo +13

 
Soy de los que piensa que cuando se trata de brindar, mientras más personas haya mejor.  Así por lo menos el efecto de la felicidad se duplica. El 90% del éxito de una reunión depende de la actitud de la gente. El otro 10% depende de cuánto hielo tengas en la cava.

En una de mis reuniones “Toto le brinda un Buchanan’s a sus panas para decirles que los quiere”, decidí invitar a un grupo de gente que admiro por lo que hacen con su talento. Así, invité a Daniel Leira, editor de la revista Nos3, un magazine digital que a mí me encanta porque es totalmente interactiva; Alejandra Otero, comediante y co-escritora de un libro mío que jamás ha visto la luz del Sol; su esposo El Perrote, autor de “I Love Zombies”; Chuka Alexandre y Manuel Gerardo Sánchez mis jefes en la revista Clímax, y Ligia Velásquez, editora de la revista Bienmesabe y la única persona a la que le acepto que monte fotos de comida en Instagram porque son lo máximo.

También le dije a Clara Chacón, maquilladora, solo porque me consiguió en Miami un video-saludo de Lilibeth Morillo y eso hay que agradecerlo con whisky; a Krysthian Benítez, un pianista caraqueño de lujo; Ray Avilez, ancla del programa Iconos del Pop; Marina Taylhardat, directora creativa de la marca Ushuva y artífice de las mejores fiestas en Caracas; Ana Isabel Otero, directora de Analiticom; Djane Nono y su novio Lungu conde de Transilvania, y mi pana David Rondón para que me pusiera musiquilla porque yo soy un lerdo que no sabe usar un iPod.

Decidí reunirlos porque si yo hubiera sido editor, diseñador, músico o DJ me hubiera gustado tener su creatividad. El “problema” (entre comillas porque no es un problema) es que la otra característica que tienen en común es que son gente que yo jamás he visto de día. Sin pensarlo, hice una lista de gente que, como yo, le fascina la rumba. Como tal, lo que en principio fue pensado para ser una tertulia, terminó siendo una gran discoteca.

Esto lo comprobé cuando antes de la reunión comenzaron a llamar. “Mi amiga que se está divorciando que si puede venir”, “tengo un pana que no anda haciendo nada”, “mira que si me puedo ir con este chamo porque mi marido anda corriendo un maratón”. Sí, sí, sí, era mi respuesta. La tertulia fue el lunes 23 de junio y como no había trabajo al día siguiente, constituía la ocasión perfecta para conocer nuevos talentos.

Poco a poco cada uno llegaba con su novio, esposa, amigo o +1. Entró It’s Good to Be, quien no estaba invitado pero como me dijo él: “es de mala educación no invitar a tu mejor amigo a todos tus saraos”. Luego llegaron Raúl y Nina mi editora, también conocidos como los “Ah sí, tú juras que nos vas a meter en el segundo anillo de seguridad de la amistad”, Coro mi amiga directo desde Nueva York y finalmente el timbre sonó y entró otro pana mío el cual quedará en el anonimato porque como le dije: “si te nombro, a ti no te vuelven a invitar para ningún lado”.

-Te traje una comitiva, -me dijo él al saludarme.

Consejo: Cuando alguien te diga la palabra “comitiva” ciérrales la puerta en su cara, apaga todas las luces de tu casa y pon un cartelón que diga EXPROPIADA en la ventana.

Este pana, a quien adoro y no sabía que la tertulia era un petit comité, entró no con una persona, sino con trece. A todos los que entraban los conocía de la vida e iban pasando por la puerta de lo más educados. El problema es que yo no puedo fingir con mi cara. Si estoy feliz, estoy en éxtasis; si estoy triste, hasta Bridget Jones me encuentra insoportable. Cuando estoy confundido, mi cara es peor que la de Nick Lachey cuando Jessica Simpson le preguntó que si los búfalos tenían alas. Brindar por la vida de trece personas es genial. Ahora ¿quién tiene hielo suficiente para brindar por trece más los que no necesitan invitación más trece personas más?

Eso fue en lo único que pensé, el hielo. Yo tenía a Héctor y Gabriel unos mesoneros fantásticos que son como el extinto Auto Lavado/Piano Bar Yesterday’s Boleros del Ayer. De día trabajan en el Consulado de Brasil con todos los festejos del Mundial, de noche en el bar. Y como barman tenía a  Reinaldo Fernández, artífice de un coctel sensacional con whisky Buchanan’s denominado Master’s Lady que le fascinó hasta el que detesta el whisky (en otra entrada pongo la receta). Al entrar al bar y contar no menos de 36 personas, pensé que me renunciarían en el acto. Así que llamé a los mesoneros a un lado y les dije de manera frenética:

-Saquen bandejas y pónganse a servir Buchanan’s con agua y soda, mientras Reinaldo el barman hace los cocteles. Aquí no va a alcanzar nada.

-Señor Toto, cálmese, -me dijo Gabriel.

-Esto se me fue de las manos –le respondí-, es un rumbón y no hay hielo, ¡qué no hay hielo!

-Amigo, te puedes calmar -me regañó el mesonero con voz de papá Pitufo.

-¿Cómo quieres que me calme? Si sigue entrando gente, mira, ahí vienen uno, dos, tres, cinco más.

-Señor Toto, nosotros hacemos esto todos los días. Da lo mismo que sean tres que trescientos. Ahora, sus nuevos invitados ya están agarrando cartera porque se sienten incómodos. ¿Usted no quería brindar por la gente que se queda en Caracas?

-No, esa es otra noche. Ahora quiero brindar por la fauna crepuscular.

-Bueno aquí está toda. Mire a su alrededor.

Vi mi fiesta. Ahí solo había gente pasándola de maravilla. La música de DJ David Rondón era como sacada de The Place.  Los +13 brindaban con los +1 y los originales con los que no necesitaban invitación en unísono. Ana Isabel se probaba el sombrero de copa de mi abuelo cuando era diputado al Congreso en los años cincuenta y que yo había puesto como decoración. Lungu tomaba fotos instantáneas  junto a Anabella Padula de Bonshot! a quien le pedí que me hiciera unas tomas buenas de la noche. Los demás esperaban pacientemente por su Master's Lady en el bar. ¡Hasta Josefa andaba pidiendo un trago en el bar!

¿Qué caos mental me había creado yo?

-Ve, que todo está bien, -me dijo el mesonero-. Ahora, quite la cara de tragedia, tómese este whisky que le manda el bartender y relájese que todo va a salir mejor que las demás reuniones. ¡Y por amor a Dios dígale a la señora Josefa que se vaya a la cocina que yo le llevo el trago!

Y así fue. Me sentí como un adolescente cuya mamá se va por el fin de semana y decide lanzar la casa por la ventana. En cada esquina había un grupo que congeniaba con otro, brindando con sus whiskies por verse las caras, tomándose fotos, inventando juegos ilógicos y riendo. A la hora de hacer mi brindis formal, levanté mi copa y les dije que yo sabía que venía la Batalla de Carabobo, pero no sabía que la Batalla de Carabobo al completo venía a mi casa. Nina, mi editora me comentó después que eso había sido una lanza a los +13, y que soy un imprudente, pero yo sentí que era la mejor forma de incluirlos.

Si no fue así, no se hubieran quedado de últimos. Tarde en la madrugada cuando ya las gotas de la última botella de Buchanan’s Master regaban mi vaso (con hielo porque los mesoneros en serio que son más dioses que Lionel Messi), me senté a conversar con ellos y descubrí otros talentos que admiro. Una de ellas, auto-retratista de profesión, se había tomado una foto en el espejo de mi baño que quiero guindar en mi casa. Cada uno me contaba de sus vidas y ahora que lo pienso, sin ellos, el sarao hubiera sido bueno, pero con su presencia le dio ese toque de loquera que siempre se busca en una buena fiesta.

Eso se agradece, porque mal hubiera podido yo decirles a todos que se fueran. Cuando tienes una ayuda fantástica, un trago inmejorable y un ejército de gente que lo único que quiere es pasarla bien, mal está del anfitrión ser el aguafiestas del bonche. Mientras corra el whisky y haya hielo, todo en la vida tiene una solución y lo que queda es sonreír y brindar por las buenas conversaciones de una noche inolvidable en la cual se gozó con los +1, pero se rumbeó con los +13.-

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