Wednesday, January 14, 2015

Cobrar en Tiempos de Crisis

 
Ser una estrella del freelance implica dos cosas: enfrentarse a una lucha permanente por establecer una disciplina de horarios y ponderar diariamente si este estilo de vida realmente vale la pena. La primera es más difícil. Cuando se es freelance, donde se puede trabajar donde sea y como sea, el reloj no existe. Si yo quiero, puedo comenzar a laborar en pijamas a las diez de la mañana. No lo hago porque como decía Ellen De Generes, una persona en pijamas a las diez de la mañana es un alcohólico.

Como no soy alcohólico (aunque he estado cerca de serlo) me obligo a sentarme frente a la computadora todos los días a una hora exacta, completamente vestido. He descubierto en la vida que mientras mejor vestido estés, mejor trabajas. Claro, yo me visto como si hubiera saqueado el closet de Larry Bloom, el novio escritor de Piper en la serie Orange is The New Black y por eso es que mis trabajos a veces no son los mejores. Pero vestido al fin, trabajo.

El problema es saber terminar el horario. Cuando se es freelance no hay un momento determinado de empaquetar tus macundales y lanzarte una de “Heigh-Ho” como los enanitos de Blanca Nieves. Puede ser la inspiración, los deseos de terminar todo cuanto antes, o que prometí entregar un trabajo al día siguiente, pero no hay un momento determinado en el cual yo diga: “a apagar la luz”. Eso no es sano para nadie porque uno debe tener momentos “Paulo Coelho” para si mismo (léase, sentarse a ver televisión a ver programación basura como Toddlers and Tiaras). Pero es algo que se aprende y poco a poco, un paso a la vez… Reconozco que esta frase sí es medio alcohólica.

Ahora bien, el mayor problema no es ese. Para mí el tasar mi trabajo es lo que más me cuesta. Ya sea con las traducciones o con escritos para cosas comerciales, artículos de opinión, etc. se me hace difícil a veces ponerme un precio. Y eso es un error porque con cualquier trabajo, uno está aportando talento y en muchas ocasiones cometo el faux pas de dar un precio por debajo creyendo que soy justo. ¿Ese eslogan de L’Oreal que dice “porque tú lo vales”? Siempre he tenido deseos de escribirles a su centro de atención para preguntarles: “¿cómo sé cuánto valgo?”

Esa pregunta me la tengo que hacer siempre que hago un presupuesto porque de lo contrario me agarran por pendejo. Y ahora más que nunca cuando todos los billetes de Bolívares en circulación equivalen a un dólar, el trabajo cuesta millones pero el salario no vale nada. Cobrar algo y pasarlo a dólares es llegar a la conclusión de que las horas empleadas para un trabajo valen lo mismo que ser mesonero en una cafetería en los Estados Unidos. Y ese es el problema, valgo millones pero no estoy ganando nada.

La diatriba de esto es que si la situación económica no mejora, estamos todos destinados a realizar trabajos mediocres. Si el equivalente a un trabajo importante vale nada en dólares al cambio real, ¿para qué fajarse? ¿Para qué ser escritor o diseñador o modelo o lo que sea que no implique trabajar para una corporación cuando el pago por la creatividad nada vale y es casi mejor considerar emplearse como ascensorista?

La respuesta, en mi caso, es que yo moriría de la depresión siendo ascensorista. Y no estoy dispuesto a realizar trabajos mediocres. Llegó la hora de tasarse por lo que valgo con una compensación que me haga proporcionalmente feliz al tiempo que empleo en la creatividad. La gran pregunta es si queda algún cliente dispuesto a pagar por la felicidad de un freelance.-

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