Tuesday, April 21, 2015

El Reto “Martha Rodríguez Miranda” para ser un Buen Ciudadano

Foto tomada de: Diverso Magazine
 
Objetivo del reto: Ser un buen ciudadano por 24 horas.
 
Participantes: Ser venezolano, de cualquier edad, sin necesidad de tener buena presencia (porque a diferencia de lo que piensen ciertas empresas, eso es discriminatorio) que estén dispuestos a ser buenos ciudadanos por 24 horas.
 
¿Por qué 24 horas?: Porque mi apuesta es que te va a gustar lo suficiente como para volverlo a intentar al día siguiente. O de repente es domingo y te da flojera ser buen ciudadano ese día, pues. Pero la idea es que por un día completo estés consciente de que vas a ser un ciudadano ejemplar.
 
¿Este reto está avalado oficialmente por Martha Rodríguez Miranda? No. Pero ella suena como si no le importara que yo hiciera este reto así que no creo que me demande… Creo.
 
¿Qué me gano?: Te ganas un diploma que lo puedes hacer tú mismo. Ponerle escarcha es opcional. Pero no le pongas escarcha rosada porque eso es cursi. 
 
¿En qué consiste el reto?: El reto implica leer la siguiente lista y tratar de cumplir el mayor número de ítems si se presentan en ese día.
 
¿Me puedo tomar fotos para documentar el reto?: Si te sientes Kim Kardashian ese día, adelante. Pero hay una diferencia entre un buen ciudadano y un ciudadano echón. Todo tiene que ver con el tipo de filtro que uses.
 
¿Por qué te la estás dando de Gandhi inventando este reto?: Porque si logro que tú te animes a hacerlo y luego invites a otra a intentarlo, habré sido eso que los coach motivacionales llaman “agente multiplicador” y me parece que eso quedaría bello en mi resumen curricular. ¿Muy egoísta la razón? Está bien por la paz nacional. ¿Muy de Miss?
 
¿En serio lo puede intentar alguien de cualquier edad?: En serio. Ahora bien, si tu abuela de 98 años lo intenta y se cae cruzando la calle y se fractura el fémur y después se muere, no me puedes culpar a mí… Está bien, no lo pueden intentar las abuelas mayores de 98 años.
 
Toto… ¿por qué el reto?: Porque el cambio empieza por mi y algo hay que intentar. Ahora shhh, que tienes 24 horas.
 
RETO MARTHA RODRÍGUEZ MIRANDA PARA SER BUEN CIUDADANO
 
Intentar cumplir el mayor número de ítems de esta lista en la medida en que se presenten durante 24 horas.
 
1. Comprar una película original en una tienda autorizada para distribuirla.
 
2. Llevar botellas, papel, aluminio y bombillos viejos a un centro de reciclaje (en el estacionamiento de la Plaza Los Palos Grandes hay un centro).

3. Guardar el celular en la guantera de tu carro mientras manejas. Si eres mujer lo puedes meter en tu cartera… Pero eso te va a tentar a sacar el maquillaje y vas a ver el celular así que mejor embute la cartera en la guantera.
 
4. Sostener la puerta a otra persona para que pase antes que tú. Si no te da las gracias, entrégale una copia de este reto.
 
5. No aceptarle un soborno a un policía cuando te multe. ¡Acepta tu multa!
 
6. No buscar una multa a propósito para cumplir todos los ítems de este reto.
 
7. Explicarle con paciencia a la persona que te dice “mi amor”, “mi rey”, “chico”, o cualquier otro nombre que tú prefieres que te digan “Señor”, “Señora”, o si tienes problemas de identidad con tu vejez, “Señorita”. 
 
8. Respetar todas las señales de tránsito, sobre todo la luz de cruce. Si estás manejando a las 11 de la noche y no te quieres detener en una luz roja porque el hampa no está haciendo el Reto “Martha Rodríguez Miranda” es comprensible. Pero por lo menos pisa el freno dos segundos en la esquina para meter la coba que lo cumpliste.
 
9. Recoger cualquier pedazo de basura pequeña que veas en la calle y botarla en la cesta más cercana. Yo sé que tú no lanzarías esa lata de refresco que anda rodando por ahí pero si no la recoges tú, la va a tener que recoger el barrendero y por lo menos le haces un favorcito. Si fumas, no lances la colilla a la calle. Extingue el fuego con el zapato y bota la colilla en una basura.
 
10. Recoger los desechos de tu mascota en una bolsa y botarlos en la basura al momento de pasearlos. A menos de que tu mascota sea un avestruz en cuyo caso, fotografía esa vaina y mándanos una foto.
 
11. Amarrarse el cinturón de seguridad. Porque es de estúpidos no hacerlo.
 
12. Ser puntual en todas tus citas. No llegues “a golpe” de nada. Llega puntual a la hora que fuiste citado. Si alguien te dice: “Vamos a esperar cinco minuticos más para que llegue más gente”, recuérdales que el que está interesado es el primero que llega y que es una falta de respeto con los presentes no comenzar a la hora pautada.
 
13. Caminar siempre por el rayado del peatón al momento de cruzar la calle. Tripéate que estás en la portada de “Abbey Road” de Los Beatles.
 
14. Por el amor de Dios ¡frenar cuando veas a un peatón cruzar por el rayado! ¿No ves que se está tripeando que es un Beatle? Si no camina por el rayado, llévatelo por delante. No serás un buen ciudadano ese día y probablemente irás preso pero no todo puede ser perfecto.
 
15. Designar a un conductor si vas a tomar bebidas alcohólicas fuera de tu casa. Todos tenemos un amigo inseguro que manejaría por ti. Es solo cuestión de hallar a ese amigo para que te ayude a cumplir el reto.
 
16. No consumir drogas. ¡Pero qué chimbo este reto! Lo lamento, son ilegales y la idea es ser buen ciudadano. A veces el ser buen ciudadano implica ser gallo.
 
17. Decir “por favor” y “gracias” cada vez que solicites un servicio. Mira a toda persona que te atienda a los ojos. Si tiene un parche en el ojo, no te lances un chiste de piratas. Probablemente esa persona ya los ha oído todos.
 
18. Con el dolor de tu alma, no darle dinero a un niño de la calle. En el 99% de los casos ese dinero no es para él. Repórtalo en las redes de tu municipio para que las autoridades se encarguen de su bienestar.
 
19. No ponerse lycras amarillas porque eso no se le ve bien ni a Sascha Fitness. Sé que esto es más una cuestión de estética que de ciudadanía pero en serio, como país debemos hacer un pacto de rechazar el uso de la lycra amarilla.
 
20. Colocarse audífonos para oír música en público. Por más que pienses lo contrario, nadie más quiere escuchar “Anaconda” de Nicki Minaj en el Metro. Igual con el celular. Si estás en un cine o un teatro oscuro, date cuenta que la luz va a molestar al de atrás.
 
21. Cerrar el chorro de agua mientras te cepillas los dientes. Esto será súper Karen Bitton de tu parte pero por lo menos algo ahorras. Igual con las luces de tu casa. Apágalas si no las necesitas. (Ojo: a menos de que veas un fantasma en cuyo caso prende hasta el velón de José Gregorio).
 
22. Aguantar la puerta del ascensor para que todos entren y no molestarse si de último entra un gordito que tú piensas que no cabe. Sí cabe. Esa gente domina la técnica del Tetris espacial.
 
23. A la hora de un mal servicio, llamar al gerente y explicarle con paciencia, calma y voz de Sofía Ímber y no de Marta Colomina el porqué tú sientes que fuiste tratado de manera indebida. Quizás no cambies el modo del servicio, pero es mejor reclamar y aclarar que no decir nada y comentarle luego a la comadre “por eso estamos como estamos”.
 
24. Tratar a todo el mundo como esperas que te traten. A menos de que tú seas un déspota en cuyo caso, mejor no salgas ese día de tu casa.
 
25. Intentar el Reto "Martha Rodríguez Miranda" de nuevo por 24 horas y animar a alguien más a hacerlo.

Wednesday, April 15, 2015

#YoBrindoPor... Miss Rose

¿Quién te hizo ser la persona que eres hoy en día? Además de tu papá y tu mamá, pues. Esa parte es como obvia. A menos de que tú seas uno de los mellizos con tres padres biológicos y una madre en alquiler que salió en las noticias recientemente. Ahí sí es más complicada la cosa. No, yo hablo de quien eres en tu esencia. ¿Por qué eres ingeniero? ¿Abogada? ¿Pastelero? ¿Esposa trofeo? (Hecha de manera correcta, ésta última es una carrera válida). 

Somos lo que somos porque alguien nos dio nuestro primer cuatro y nos convertimos en El Pollo Brito. Una persona le dio una caja de Berol Prisma Color y Daniela Panaro decidió que el verde grama iba a ser el color insigne de su marca de ropa. Chefs abrieron restaurantes porque desde chiquitos ya hacían maravillas con la cocinita de Fischer Price y cualquier jugador de la Vintotinto te dirá que no recuerda una época donde no tenía una pelota de fútbol entre sus pies.

Alguien le dio esa pelota. Una persona en específico nos dijo a todos que teníamos madera, talento, ese je ne sais quoi para ser lo que nos hacía absolutamente feliz. Muy pocos le hicimos caso y nos graduamos de algo que se veía muy formal en una tarjeta de presentación. Es válido, los hombres teníamos que probar el amarrarnos una corbata para una reunión a las siete de la mañana y las mujeres soportar tacones color berenjena combinados con medias panty de beige.

Solo unos pocos supieron desde siempre que iban a ser aventureros de vida. Otros nos tardamos un poco en saber quien queríamos ser en realidad. Porque no importaba el cubículo, la reunión o lo pesado del jefe, siempre había una voz en nuestra cabeza que nos decía: “¿Qué haces ahí? Ponte a hacer lo que realmente eres y estás destinado a ser”.

A mí me pasó. Todos los días de mi vida, siendo algo que no quería ser, yo escuchaba la voz de Miss Rose. Verán fue Miss Rose la primera persona que me dijo que yo no debía dejar de escribir. Jamás.
No recuerdo ni su apellido, pero Miss Rose fue mi maestra de inglés en séptimo grado. Yo venía transferido de un colegio donde todo lo que estaba aprendiendo en séptimo grado en inglés lo había visto en cuarto grado. Por supuesto estaba aburrido y me dedicaba a hablar y hablar y a perder puntos de apreciación y a no portarme como un estudiante, sino como un idiota.

Por alguna razón Miss Rose vio en mis informes algún talento. Y sus anotaciones en mis reportes y ensayos venían con notas al margen que me decían exactamente eso: “No dejes de escribir”. Jamás le presté atención, yo escribía por placer pero sabía que eso no era una carrera y jamás la puse entre mis planes. La gente grande no es escritora y punto. Son abogados o comunicadores o alguien en la pirámide de Procter & Gamble, pero no son escritores.

Mi carrera como escritor ha sido accidentada porque por años negué serlo. “Bloguero”, decía al principio y “columnista”, cuando sentí más confianza. La pura realidad es que escribo historias y eso hace de mí una persona feliz. No concibo la felicidad sino cuando me dedico a escribir. Siempre lo supe, desde pequeño sabía que esto iba a ser. Se lo negué a Miss Rose, a mis padres, a mí mismo y a mi carrera. Pero lo soy, y eso Miss Rose ya lo sabía. No tengo manera de saber cómo lo supo, pues no sé dónde está. Pero si algún día se topa con este escrito sabrá que desde el fondo de mi corazón le doy las gracias y por ella brindo. Miss Rose la primera persona que me dijo lo que yo estaba destinado a hacer en la vida para hacerme absolutmanete feliz.

Y eso ha hecho toda la diferencia.-

Friday, April 10, 2015

El Peor Cocinero del Mundo Reza Después de Cenar

En toda parrilla siempre hay un cocinero estrella que suda frente a la brasa. En la cocina está su mujer preparando un guacamole y mentando madre porque hoy, de todos los días, le inventaron organizar un almuerzo en casa. En una mesa los amigos pican chistorras, en otra, las amigas pican cebollas y parado ahí al lado del cocinero en la parrilla está un hombre que solo pica el ojo con el humo.

A todas luces, ese hombre aparenta que está haciendo algo, tipo ventilar las moscas o pasarle cuchillos al chef. Pero en realidad ese tipo no hace nada. No va a cortar la carne, ni entrará a la cocina a preparar una salsa. Ni siquiera va a sugerir ponerles más mantequilla a las papas horneadas. Solo está ahí para que la gente crea que hace algo. Es un mero inútil hambriento que se ve en toda parrilla. Lo sé porque ese hombre soy yo.

Admito que la cocina no se me da. He intentado cursos, visto programas como Master Chef y tengo en mi posesión tres copias del libro “Cocina Para Tontos”. Pero no importa cuánto trate, cualquier plato que yo prepare es digno de ser fotografiado para formar parte de la sección de “fails” en Pinterest. Para mí un plato gourmet es un sándwich de queso de cabra aplastado en la tostadora. Lo que más amo hacer para la cena es una reservación en un restaurante y  jamás lo admitiría en público pero yo fui el que una vez preguntó que quién era María y por qué insistían bañarla en la cocina.

Si tengo que cocinar lo hago por supuesto. Solo necesito paciencia, determinación y el teléfono de los bomberos. Tampoco soy el muerto de hambre que ve el Gourmet Channel y lame la pantalla del televisor... Está bien, lo hice una vez pero fue solo porque Narda Lepes hizo langosta al termidor. Puedo cocinar alimentos básicos como huevos, pastas, perros calientes y ensaladas. Una vez me dio por hacer un soufflé. Digamos que fue un “suflimiento”.

Y es cómico porque la vida me ha dado ciertas señales de que soy malísimo en el departamento culinario. Mi mejor condimento, me han dicho, es el antiácido. En mi casa se reza después de cenar. Y es duro darse cuenta de que mientras todos los hombres reciben de regalo un delantal que dice “El Mejor Chef del Mundo” a mí una vez me regalaron uno con la imagen de la “Virgencita Plis”.

Mi conclusión es que los libros de cocina no me comprenden. Yo leo una receta como puedo leer el libro Los Juegos del Hambre: sé que ninguna de las dos pasará en la vida real. No eres el peor cocinero del mundo hasta que no hayas hecho sonar dos huevos como unas maracas porque la receta decía: “bata dos claras de huevos”. Y ese es mi problema, cuando una receta te recomienda hornear hasta que esté dorado, siempre pienso: “¿qué tan dorado estamos hablando?” ¿Dorado tipo un McNugett o dorado tipo Paulina Rubio?

Por eso es que me abstengo de cocinar platos complicados. Mi rosbif término medio sería con toda seguridad más duro que la Piedra del Cocuy y mi único intento de preparar un pie de limón terminó siendo un frisbee para mis perros. Por lo menos mi familia está clara en una cosa. Cada vez que nos reunimos para hacer una parrilla, mi hermano pone la carne, mi mamá pone las caraotas, y yo siempre pongo la torta.

Por eso es que la próxima vez que vean a un hombre parado junto al comandante parrillero, sepan que no está haciendo nada por una razón completamente válida. Inmiscuirlo a él en los preparativos de un almuerzo siempre implicará un viaje posterior a la clínica. Como me dijo mi amigo Raúl, insigne chef de carnes en la última parrilla a la que acudimos: “Tú solo dedícate a echarme cuentos, inútil que del resto me encargo yo”.-

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