Monday, August 3, 2015

Las Narco Piñatas de Hoy


He asistido recientemente a una de las experiencias más terroríficas de mi vida. Me encantaría decir que fue una citación en el SENIAT por un error en la declaración de mis impuestos, una visita al proctólogo o una visita al mercado justo en el momento en que llegó la harina P.A.N. Nada de eso, he decidido que nada me ha dado más miedo en esta vida que acudir a las piñatas de hoy en día. 

Yo no tengo hijos por lo cual mi presencia en una piñata es sospechosa. Algo así como Sascha Fitness en un McDonald’s. Lo que sí tengo es una abundancia de sobrinos en edad para festejar sus cumpleaños en fiestas infantiles y se espera que el tío asista, pues. Lo que no me espero de estas fiestas es darme cuenta de cómo han cambiado. Las piñatas de mi época eran seis imberbes intentando tumbar una figura de cartón que mi mamá insistía era el Pájaro Loco. Las de hoy llevan más producción que el video “California Girls” de Katy Perry y si no fuera por la respetable moral de sus padres, creería que estoy en una fiesta en casa del hijo de Pablo Escobar. 

La primera diferencia que noto es en la invitación a la piñata. Antes uno iba a una librería y compraba una tarjeta donde decía “Te invito a mi fiesta” y rellenaba las casillas de la fecha, hora, y la dirección. Ahora, las invitaciones son una producción en tercera dimensión que escupen escarcha, tienen fondo musical y casi que te sacan la sangre. Algunas tienen indicaciones como “trae tus patines” o “ven en ropa cómoda”, aunque mi favorita de todos los tiempos sería: “no traigas a tu cargadora, trae a tu mamá y que no sea floja”. 

Todas las piñatas vienen ambientadas con un tema. No es que Marcela Josefina cumple cinco años, es que la Princesa Marcela Josefina ha llegado a la edad casadera en el reino e invita a todas las doncellas a una tarde de té donde se harán masajes reductores, gozarán de servicios de peluquería, jugos detox y ayuda psicológica. Me parece chévere que el tema sea de princesas, ¿pero por qué las mamás se empeñan en regalarles a sus hijas una tarde típica de mujeres divorciadas? 

Ni siquiera los juegos son como los de antes. Cuando yo era niño ponían siete sillas juntas y jugábamos a las sillas musicales. Nos vendaban los ojos y le poníamos la cola al burro; jugábamos a la ere; nos embadurnábamos de lodo; y cantábamos “Mi Amigo Félix” de Enrique y Ana como si estuviéramos en un concierto en El Poliedro. En las piñatas de hoy, los niños se montan en naves espaciales, tazas de té, carruseles, y montañas rusas. No lo critico, es solo que me doy cuenta de que yo nací en una era totalmente pichirre y que mi mamá era pobre. 

Pero la mayor diferencia es la piñata. Madres, ¿puede existir una peor canción que “dale, dale, túmbala pa’l suelo, queremos caramelo?” ¿Dónde están los gritos violentos de mi época tipo “¡María Joaquina apártate que Félix te va a dar un palazo!” Y mi otra pregunta es, ¿por qué no se ha creado un sindicato infantil en contra de las cargadoras recoge regalos?

En mi época recoger los regalitos que caían de la piñata era un arte. Yo envidiaba a las niñas porque tenían falda y podían meter más cosas debajo de su vestido. Pero ahora me doy cuenta de que las cargadoras se lanzan en el juego y son unas dignas contrincantes de Los Juegos del Hambre. Miren, competir contra otros niños para agarrar pistolitas de agua, caramelos surtidos y serpentinas es una cosa. Pero tener que competir con una mujer adulta, vestida de santera, con uñas largas es como para voltearse a donde está tu mamá y decirle: “¿Qué haces ahí parada? ¡Ayúdame!” 

Todo esto me parece terrorífico. Pero nada peor que los regalitos de salida que ahora, por niches, se llaman “cotillón”. Antes te daban un marca libros, un yo-yo o si era una fiesta de millonarios ecológicos, un pececito que se moría al llegar a tu casa. Pero ahora los niños salen de ahí con un sable de La Guerra de las Galaxias que funciona, una máscara africana traída de Namibia o las llaves de un apartamento en La Lagunita. 

La mejor piñata que yo fui en mi vida fue la del un niño cuya madre nos mandó a todos a venir en traje de baño, nos dio un tobo llenos de bombitas de agua y dijo: “Destáquense”: Yo solo espero que con tanta parafernalia, producción y coreografía empleada, los niños de hoy gocen igual que yo disfruté mi infancia. A fin de cuentas, no son las piñatas a las que asistí las que recuerdo, sino lo mucho que gocé  en ellas con tan poco material P.O.P.-

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