Wednesday, August 23, 2017

Vivir en Caracas es para Gente que Toma Coca Cola Normal


Cuando viajo fuera de Venezuela la pregunta más frecuente que me hacen es que cuando me largo. Siempre contesto: “¡Pero si acabo de llegar!” Toda mi vida he estado de acuerdo con aquella frase que dice que un huésped es como el queso que comienza a oler después de unos días y quizás mis anfitriones ya andan hartos de mí. Pero esa no es la intención de la pregunta, por supuesto. Ya estoy acostumbrado a que a donde quiera que vaya se me pregunte que cuando me largo de Venezuela. 

He llegado a la conclusión de que una mentira blanca siempre ha sido la mejor respuesta. Siempre contesto: “Tengo pensado irme a España el año que viene”. No es verdad y no estoy totalmente seguro de que la gente se lo crea, pero por lo menos les alivia la respuesta. Verán, decir que no tengo planes inmediatos para salir de mi casa no solo causa alarma, sino también preocupación, asombro y descontento. No está de moda decir que uno se queda porque aquí es donde vive. 

Yo comparo todo esto con la llegada de la Coca Cola Light a nuestras vidas. Cuando llegó el refresco sin azúcar no se llamaba así. Se le conocía simplemente como “Coca Cola de dieta”. Fue un fenómeno porque la gente en la onda fit (y el gordito consciente) todavía podían darse el gustazo de un refresco mientras contaba sus calorías. El marketing se aprovechó de ello, le cambió el nombre a algo más sexy como “Light” y se encargó de que la lata se montara cual Tongolele en el sitial de honor y destronara a la Coca Cola de toda la vida. 

¿Qué sucedió? Que a quienes tomábamos Coca Cola nos comenzaron a fastidiar la vida. Los mesoneros se vieron obligados a preguntarnos: “Light o normal?” y nosotros a contestar que queríamos la “normal”, la de la gente gordita pues. El fenómeno de lo “light” fue tal que a nadie se le ocurrió que lo normal era llevar la Coca Cola con sabor original a la mesa y lo extraordinario era el dietético. Tal fue el éxito, que un día sencillamente dejaron de preguntar y simplemente asumieron que toda persona adulta siempre, siempre, siempre se tomaría una Coca Cola Light. 

Nota: Si alguien no ha tomado refresco en su vida y no entiende esta referencia, sustituya “Coca Cola” por “gluten”. Es lo mismo. 

Así ha ocurrido con el Plan B de la emigración en Venezuela. Ya que todo el mundo se fue, se asume que los que se quedan se van en algún momento. Cuando todas las noticias que salen de acá son fatídicas, lo anormal es quedarse. Por eso mi analogía con la Coca Cola light. ¿En qué momento lo normal se convirtió en lo extraordinario? 

Ahora, ¿por qué miento? ¿Por qué creo que es mejor decir que me voy a España? Pues, porque no es fácil explicar que uno se quede inmóvil en un mundo que no es light. Cierto, vivo muerto de miedo, no sé cuándo será mi próximo asalto, voy al mercado a comprar mayonesa y no Mavesa y ya perdí la cuenta de a cuantos restaurantes no puedo ir porque no puedo costeármelos. La señal de Internet es una sugerencia, la luz va y viene y hoy el filtro de la nevera se dañó y sale agua amarilla. Mi cuenta bancaria es un chiste, mis proyecciones de vida dejaron de ser de seis meses y pasaron a ser de seis horas, y estoy más que seguro de que si a mí me dan la banda presidencial, yo haría cien veces mejor el trabajo de Nicolás Maduro. 

¿Es horrible vivir en Caracas? Depende. No es fácil ver tu ciudad en llamas, ni manejar por un lugar donde hace apenas un par de horas asesinaron a un estudiante. No da gusto tener que salir a la calle a protestar y devolverte porque te bombardearon. Es triste sentirse aturdido por un silencio nocturno en una ciudad que siempre se caracterizó por ser bulliciosa. Pero no quiere decir que sea anormal vivir aquí. De hecho, es más normal de lo que se piensa. En toda guerra la gente nace, se gradúa y se casa. Caracas no ha dejado ni dejará de existir porque el chavismo la mató. 

Un día normal en mi vida no tiene nada de extraordinario. Todas las mañanas me despierto y me hago un café. Miro al Ávila y a las guacamayas volar. A los periquitos les pongo cambur en el balcón, el cual no se comen porque debe ser que yo soy un nuevo inquilino y todavía no me tienen confianza. Observo los pocos carros que transitan y me pregunto cuál de ellos anda en una de carpool karaoke y cual otro está de mal humor. Me baño, me visto y me siento en mi oficina a escribir o cuando tengo radio, me voy a la radio. Almuerzo, duermo siesta. Pienso que debería subir el cerro, pero recuerdo que soy un flojo. Escribo un poco más, pienso en un chiste para Instagram, hablo con mis amigos en WhatsApp, me tomo una copa de vino blanco y veo la tarde caer. Si no me lo pienso mucho, salgo a un restaurante y si es viernes me voy a mi bar favorito. Me tomo mis traguitos y regreso a casa a dormir. 

Y eso es lo que no me entienden afuera. Existe una normalidad tacita dentro del caos que suscitó todas las protestas y dentro de la escasez y la anti política. La gente sale. “No, Toto déjate de vainas, en Caracas no sale nadie”, me pueden decir. Es cierto, pero primero hay que definir “salir”. Si por salir significa hacer lo que yo hacía antes que me podía pasar por tres discotecas, terminar en un antro flamenco y después salir a la playa, mira pues no. Y tampoco estoy interesado en hacerlo. Se llama temor al ratón producido por la vejez. Algo que seguramente comparto con mucha gente de mi edad que vive afuera. Ahora, si por salir significa sentarse en un café a comerse un cachito o ir al cine a distraerse, mira sí. La gente así sale. Algo que también comparto con mucha gente de mi edad que vive afuera... mentira, afuera no hay buenos cachitos. 

Claro, a todo eso hay que añadirle el pandemonio del bachaqueo, la ruta de la seda para buscar medicinas, la histeria que causa una cadena nacional cuando estás oyendo tu programa de radio favorito y el descenso a Mordor que significa entrar a Twitter. Eso es vivir en Caracas. Aquí se juega a ser normales, pero en realidad estamos todos locos. Y explicar eso es tan difícil como decirle a alguien que la Coca Cola Light no es lo mismo que la Coca Cola normal. Por más que te refuten diciendo que sabe igualito, uno sabe que eso no es verdad.

Pero bueno, así que España ¿no? 

41 comments:

beatriz said...

ES PECTA CULAR lo ame , me fascina, identificada y es mas chico no me voy y?

Unknown said...

Yo ya me fui, por miedo. Porque un día después de "salir" como tú dices, mataron a mi amiga. Y tengo hijitas que no puedo dejar sin mamá. Vivir con miedo es muy maluco. Y no es que en Bogotá no asalten, pero no te matan de primerazo. Preferí Cocacola Light

Anonymous said...

Muy bueno José, los q nos fuimos soñamos con volver, q nos depara el destino no se sabe. Pero añoro el sentarme en una panadería a tomarme un café "sabroso" como los de allá y un cachito único. Dios nos ayude a q vuelvan esos gratos momentos, porq en otro país siempre seremos un extraño.

Geraldine Alvarado said...

Te leo desde que escribiste Cuentos de Sobremesa, pero, aun cuando todos los cuentos de ese libro me encataron, ésto que escribiste "nosecuando" pero que yo leo hoy, me hizo sentir identificadísima, por lo que, no me encantó, sino lo siguiente.

Anonymous said...

Yo vivía en Ccs. También me fui, a diferencia de tu experiencia mi vida era arrendar una habitación porque era para lo que mi sueldo en una transnacional me permitía, que la dueña del dpto no me dejara cocinar ni lavar porque eso "le complicaba", no tomar café porque el que conseguía luego de 5 horas de cola en la Urbina (zona que conocí buscando comida) era para mandarle a mi mamá, desayunar un pan de molde con mantequilla (esa que estiraba por 3 meses), almorzar el mismo pan con mantequilla, y un doritos (ese era mi lujo), y cenar probablemente el mismo pan, o bueno si tenía suerte hacerme unas pasticas con salsa de tomate. Salir? No supe lo que era eso en Ccs después de un tiempo, no me alcanzaba la plata, no me daba para pagar la cuenta y tomar un taxi a la vez, tenía quizás que remendar los zapatos de la oficina que ya se me habían roto y que no podía renovar. Y bueno, pare usted de contar. El tema de la seguridad, en una camioneta camino a la California a las 8pm ni te lo cuento, pero solo diré que vi muchas variedades de pistolas, cortes de cuello con cuchillo y que cada día que lo recuerdo pienso en lo afortunada que fui de que mi única experiencia directa fuera solo un pinchaso con un cuchillo por 20 minutos mientras el tipo me pedía sentado junto a mi en el bus que le diera todo lo que tenía. Pero igual buenísimo tu post y tu experiencia, me ayuda a entender a muchos que critican a quienes se van (no digo que sea tu caso) y a no criticar a quienes se quedan. Un abrazo

Anonymous said...

completamente identificada...

Leer es Sexy said...

Me gusta la coca cola NORMAL

Anonymous said...

Que hablas, en Venezuela ya no existe la Coca Cola normal. Existe la Coca Cola "Sin Calorias" que es una falsa normalidad. aqui nada es normal. NADA

Ira Vergani said...

A mi no me importa dónde estés, solo quiero que estés bien.

Jorge Alonso said...

No se deja de ser venezolano por no estar en Venezuela. Ni se es más venezolano por quedarse. El "caos" nos forja y nos hace auténticos así como la barriguita que nos saca la coca cola normal nos hace más reales como seres humanos. Un abrazo y sigan siendo lo q son, donde quiera que estén

Anonymous said...

Muy bueno! Igual me quedé, aunque tomo Coca Cola light! Tal vez soy un raro espécimen que cree que sobrevive el más apto, es como un reto, demasiado territorial

Anonymous said...

Lo peor es querer irse pero no tener como... o haberse ido pero obligado.
Como dijo alguien mas arriba "no me inporta donde estes, solo quiero que estes bien"
Mi rica pobre Venezuela. Pensar en todo esto me dan ganas de llorar...

Manuel López Paz said...

Buenos días.
Me ha gustado mucho. Nosotros nos fuimos hace 14 años de Venezuela porque entendimos que la situación iría por el camino que va. Fue una decisión personal (de mi esposa y mía), donde muchos intentaron opinar lo que debíamos o no hacer.
Inmigrar o no es una algo tan íntimo que solo quien lo piensa es quien debe tomar la decisión. Se valora lo bueno y lo malo, y se aventura. Es una decisión válida cualquiera de las dos, y los demás no somos quien para opinar si la decisión es buena o mala. Es una decisión que se tomó según las consideraciones y el momento vivido (que va desde que te apunten con un arma para robarte, hasta que te roben el móvil o suceda algo peor). La comparto la que sea y aporto mis experiencias si se ha decidido emigrar. El que se queda, tiene su posición y también aporto mis experiencia cuando vivía en Venezuela si son de utilidad.

No tomo coca cola, nunca me gustó. Prefiero el guarapo de caña, que me cuesta mucho conseguir en España, pero si como sin gluten, por mi hija celíaca.

Saludos

Anonymous said...

Tu realidad es la de la mayoría de los venezolanos jóvenes. Lamentablemente la realidad de Toto la comparten una pequeñísima minoría de jóvenes que no saben lo que es no tener plata para la "copita de vino blanco" de las noches. No lo critico, es su realidad, y era la mia antes de irme de Venezuela pero tristemente casi nadie puede vivir con esa "normalidad" de la que el habla.

Santiago Montenegro said...

Esta bueno el articulo, pero se nota de sobra que el autor tiene cierto desahogo económico y no tiene hijos.

Ana Sosa M. said...

Me encantó!!!!

Francisco Mosqueda said...

El autor de esto dice que "si se puede vivir normal en Caracas"; comenta que, entre otras cosas, le pone comida a los periquitos (se pregunta cual periquito está de buen humor y cual no) y "cualquier cosa" bueno el se va por ahí y se toma un vinito o mejor aún, se va a uno de sus restaurantes favoritos y así va haciendo su "normalidad" y que "en el exterior no hay unos cachitos como los de Caracas" PURA CURSILERÍA BARATA (mas de lo mismo de lo que uno ha leído toda la vida). Lo que debió resaltar del artículo (y no lo hizo) es que nadie le tiene que estar preguntando al que se queda el por qué no se ha ido y ya; eso no es asunto de nadie.

Laurie Miller said...

Hace 40 años salí y cada día la extraño más ! He viajado a Europa aunque vivo en USA y gracias a Dios que ahora si hay mucha comida venezolana por aquí ya puedo disfrutar los cachitos ! Y las arepas ya las hago todos los dias se las presente a gentevde todos lados no hay nadie que no les guste ! Y el pan de jamón lobhevllevado a fiestas en diferentes paises y de desaparece en segundos , una arepa comida con amigos sabe a Gloria ! Por eso gustan tanto ! Extraño el sonido de las chicharras y las ranas y grillos en la noche , las lluvias los arboles floreados en primavera ,la gente hacia Venezuela más bella ahora que triste que se han llenado de rencor de maldad de envidia unos a los otros ya los valores y la moral lo han estado perdiendo ya no es la Venezuela que deje donde todo el Mundo era tan amable y servicial ahora solo re tuitear fotos de muchachos heridos viendo como la vida se les va ! Yo quiero regresar quisiera bañarme en un río tomarme una cocada comerme un dulce de guanabana comerme una cachapa en un bufare de verdad quiero caminar por las playas de Margarita oír a alguien que me venda algún chipichipi jrjeje cuando estaba chiquita me encantaba como hablaban los margariteños y lo buenos y serviciales que son extraño eso y más

Anonymous said...

Me encanto, yo soy caraqueña, vivo "normal" en Mérida, cuando me preguntan si me voy digo que ese es mi ultimo plan, porque nunca fue mi plan.Yo tomo Pepsi-Cola normal,hay muchas cosas que ya no puedo hacer, he despedido familias y amigos, pero como me comento un taxista, un hombre de 45 años aproximadamente " Mi mama se fue a Colombia,allá trabaja, Yo solo me voy cuando de verdad no pueda pagarme mi comida, mientras sigo aquí trabajando con esperanza". Todas las experiencias son distintas, irse o quedarse es una decisión personal, que debe respetarse y de ninguna manera es fácil, cada uno vivimos con las consecuencias de nuestras decisiones.

Jose Luis Cid L. said...

Toto espectacular, así nos sentimos muchos.

Un abrazo..... Nos vemos pronto Joe.

saludos por la casa.

Anonymous said...

No tomo coca cola, no me gusta. Pero no me voy, amo está caótica ciudad donde he tenido los mejores y los peores momentos. Y como libre de gluten, soy celíaca y no es nada fácil en esta ciudad de la furia donde no se consigue comida normal, menos especial para pacientes crónicos. Se nota que tienes cierta comodidad financiera que muchos no tienen y que probablemente no usas transporte público.

maria gabriela padron garcia said...

Lo ame !!

Anonymous said...

Si escribió esto el 23 de agosto de 2017 la verdad que usted aún tiene una vida normal. Subir al cerro significa el reto de no encontrarse con algún malandro que espera a cualquier pajarito para robarle el celular que saben lleva en su bolsito. Tomar vino blanco? quizás aún se pueda aunque ya no todas las noches antes de dormir, como antes, en la normalidad, tomar whisky?? quéeeeee???

Anonymous said...

solo usted a menos que me diga que es rojo rojito.... ir a un restaurante o a su bar favorito??? tomarse unos tragos???? Me alegra saber que muchos comentaristas le dijeron que se identifican completamente con usted, yo, lamentablemente, solo tengo algo en común... también contesto que ya estoy haciendo los trámites,

Anonymous said...

tú sabes, las legalizaciones y eso, yo la tengo peor, soy sola con mi mami anciana y toda mi familia está en España y mis amigos ya están regados por el mundo, incluida España claro. Yo estoy como la coca cola normal, si lee los ingredientes ahora trae azúcar y sacarosa, ya ni eso es lo normal de antes....

Michelle Cifuentes said...

Muy cierto. :)

Anonymous said...

Me identifico. Algunas personas asumen que si uno aún tiene un estatus de vida en Vzla se debe a que es enchufado. No juzguen porque no saben. Yo vivo como Toto y tengo marido, hijosby padres mayores, y tampoco me quiero ir ni tengo planes. Lo que el dice es verdad. Para muchas personas aún se puede vivir bien en Venezuela. Percibo envidia y resentimiento en algunos que comentan, para ellos un dato: haciendo trabajo remoto se puede vivir bien en Venezuela. Sean creativos antes de tirar la toalla. Bendiciones a todos.

Anonymous said...

Pufff... cuando la vida te va en comerte un buen cachito, te das cuenta de cuan pobre son tu alma, tu espíritu y tu visión del mundo. .. por ahí dicen q la miel no se hizo para el paladar del asno...

Anonymous said...

IDENTIFICADA! me encanta! es asi! siempre llego a la conclusión de que ¿Que es Calidad de vida, realmente? y bueno, aunque estamos claros que la situación aqui apesta! YO ME QUEDO, porque definitivamente que al igual que tu! valoro otro monton de cosas que estoy segura que no encontrare afuera. La vida es corta y las grandes cosas son sencillas.

Anonymous said...

Mas alla del segmento cursi de los periquitos y las guacamayas, que facil es decir me levanto, me tomo un cafe, voy al restaurant, voy a tomarme unos traguitos a un bar. Este es el problema de venezuela "in a nut shell" el individualismo. Mientras que haya alguien que no entienda, que si tu vas a comprar ese cachito a un precio completamente inflado, o al cine, o a comer a un restaurante, siempre van a ocurrir cosas como lo que esta ocurriendo actualmente, que despues de X dias de lucha de algunos, otros dicen " me canso y debo vivir mi vida " todo regresa al punto donde estaba. El venezolano siempre tiene una excusa para justificar su individualismo, " yo quisiera salir a manifestar pero no puedo porque tengo un hijo" " yo no puedo porque si pierdo este trabajo me quedo en la calle" y asi, siempre hasta que comienzan con el famoso #SOSVENEZUELA que no es mas que el deseo que alguien mas venga y resuelva sus problemas mientras tu "escoges tomar coca cola y ver a las guacamayas" claro esta. Es muy facil decir eso cuando tienes una ocupacion para hacer todas las cosas que se mencionan en este articulo, cuando no te interesa en lo absoluto personas que no pueden irse a "sentar a un cafe" o " Un cine" pueden estar viviendo. Que cuando vas y compras un articulo que no es de primera necesidad a esos precios estas colaborando con la inflacion, y estas perjudicando indirectamente a tus primos, tus amigos, tus familiares que no trabajan en la radio y que no tienen un contacto para conseguir el saco de cafe que tu consiguies para tomar por las mananas antes de sentarte a escrbir o ir a la radio. El dia que idiotas como este dejen de comprar ese cachito o tomarse unos traguitos, pensando que no es solo el, sino los ninos de tus amigos o incluso tu propia familia, ese dia, cuando todos entiendan que el sacrificio debe ser en conjunto, el dia que abran el cine y no haya nadie haciendo fila para entrar, el dia que no haya nadie comprando ese cachito que venden 500 veces mas caro, ese dia comenzara un verdadero cambio. Hasta ese momento sigan siendo como este idiota, y publiquen videos de manifestaciones en instagram de vez en cuando con el hashtag #sosvenezuela para tratar de convencerse a si mismos que estan haciendo algo por el pais.

Maria Teresa Belandria Expósito said...

Toto, tu manera de escribir clara y directa apunta al centro de todo. Está reflexión profunda y sincera refleja el sentimiento de muchos que no queremos irnos.
Yo le decía hace días a mi hermano, yo quiero envejecer aquí, viendo el Ávila o en una silla mecedora viendo la bahía de Pampatar, pero aquí, con mis olores y sabores. No en una ciudad que por muy comsmopolita y segura no tenga a nadie con quien conversar. En fin. Gracias. Gracias. Un abrazo.

Morgana Le Fay said...

Ay por Dios.

Tita said...

De acuerdo en todo Toto. Yo tambien me gozo mi país a pesar de la situación. Esa es la actitud.

LA said...

Lo que no dice Toto es que la Pepsi era que era buena de verdad. Pero Cisneros saltó la talanquera y todo cambió

Valeria RG said...
This comment has been removed by the author.
Jorge Melet said...

Doquiera que vivas tienes que vivir. Si no has elegido el camino de la insurrección armada y estas en Venezuela pues tu vida ha de ser así. No se trata de que seas consciente o no de las cosas.

Anonymous said...

Definitivamente cuando todavía te puedes dar el lujo de hacer una siesta, no hay ningún tipo de motivo para irte. Suena cuchi y todo. Generaliza tu contenido a la mayoría de la gente que también se quedo en Caracas por elección pero que para poder sobrevivir en esta economia la siesta es parte de un sueño.

Anonymous said...

Es tan complejo, por que el que se va tiene tan válidas razones como el que se queda y tanto si tomas Light o tomas sabor Original, pareciera que la Coca Cola no es la misma, el que se va (salvo escasas excepciones) es un extrajero (casi un desplazado) y a muchos venezolanos los ven hasta mal, porque vamos a perjudicar a su país como Panamá y casi siempre tiene que comenzar desde cero, no importan ni sus estudios ni su experiencia en muchísimos casos, siempre de cero y para colmo de males lejos de tus familia y amigos, lo que nos quedamos vivimos muchas veces con miedo a salir, decepcionados y con el dolor de ver a muchos seres queridos y amigos partir a nuevos horizontes, entonces te pregustas si estas haciendo lo correcto, seguir con tu coca cola normal o definitivamente cambiarte a la light y es cuando notas que ni la light ni la normal ya te saben igual...

Anonymous said...

Para los que pueden olvidar el caos aunque sea un momentico admirando El Avila o con una copa de vino,o sentir algo de seguridad en una casa propia tal vez sientan que si pueden decidir tomarse la cocacola normal. Pero los que ni siquiera pueden garantizarse una comida al día, puede que sientan que en su menú ni siquiera hay jugo. Sino Cocacola Light.
Sin embargo, muy buenas palabras.
Yo sigo en Venezuela (por ahora), tampoco miento para tranquilizar a los que preguntan. Me escondo detrás de un "no sé, vamos a ve'" que tal vez le queda poco tiempo

Anonymous said...

Cualquiera de las dos, cuesta disfrutarlas ¿cierto? :(

Pasado, presente y seguros said...

Como ya es la norma, muchos de los emigrados quieren convencerte de que tu decisión de quedarte y llevar una vida normal, te convierte en una especie que solo puede vivir en un manicomio de inferiores. Si existiese el respeto a quienes toman la dura decisión de partir o la dura decisión de quedarse, se probaría el nivel de tolerancia que nos debería caracterizar. Bien Toto, a buen entendedor, sobran explicaciones.

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